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Hoy día es una realidad que dada las condiciones climatológicas por las que atraviesa el planeta (calentamiento global) unido al uso indiscriminado de insumos sintéticos como fertilizantes y pesticidas, se evidencia un creciente deterioro de los suelos agrícolas y disminución del potencial productivo de las semillas cultivadas. Lo anterior unido a una mayor susceptibilidad de los cultivos a plagas y enfermedades que influyen negativamente en los rendimientos por unidad de superficie.

Es entonces que desde la Fundación Universitaria Agraria de Colombia (Uniagraria) en conjunto con la Universidad Cooperativa de Colombia (UCC) y el Instituto de Ciencia Animal (ICA) de Cuba, por más de cinco años se ha venido trabajando en la búsqueda de diversas alternativas y estrategias que mejoren no solo las condiciones de tenencia de los cultivos, sino su condicionamiento para enfrentar estas adversidades del clima. Una de estas alternativas que podría mejorar la adaptación de diferentes especies a los factores adversos dentro del clima se corresponde con la aplicación de campos magnéticos inducidos. Estos, los campos magnéticos, son generados por bobinas eléctricas de espiras conocidas y con un amperaje regulado.

Muchos se preguntarán cómo un principio de la física puede incidir sobre el crecimiento y desarrollo de los cultivos. Es entonces que, para responder a dicha inquietud, se ejemplificará con el creciente deterioro, no solo de los suelos, sino del campo magnético de la tierra. Este deterioro a nivel macro limita el movimiento de nutrientes en los diferentes sustratos usados en la práctica agrícola, mientras que, a nivel micro, es evidenciado por el ineficiente transporte a nivel de las membranas celulares que dificulta la absorción y buen flujo de elementos nutricionales.

Dicha problemática llevó a constituir un grupo multidisciplinario entre las tres instituciones antes citadas y conformado por los investigadores, Jannet Ortíz Aguilar (Ingeniera Electrónica), Olga Marín Mahecha (Bióloga), Maikel Suárez Rivero (Ingeniero Agrónomo), Addy Esperanza Puentes (Socióloga) y Deivis Suárez Rivero (Ingeniero Agrónomo) para intentar mitigar los efectos negativos mencionados. Es así que se inicia con diferentes propuestas para la aplicación de campos magnéticos, eléctricos y electromagnéticos sobre semillas cultivadas determinando sus efectos sobre el material biológico.

Con base a dichas iniciativas se han obtenido como resultado a la fecha una tecnología novedosa con capacidad demostrada para el fortalecimiento de las estructuras de la planta. Dentro estos efectos pueden citarse el incremento en los porcentajes de germinación, aumento en las tasas de crecimiento y desarrollo, mejoramiento de la capacidad de síntesis de clorofilas (A, B y Totales) y carotenoides, mayor producción de biomasa y un adelanto en el momento de la cosecha. Otros elementos de resaltar son el efecto manifiesto sobre el ataque de plagas y enfermedades, evidenciando que al tratar las semillas con campos magnéticos a bajas intensidades, las plantas que de ellas emergen serán más resistentes a estas. Estos efectos pueden traducirse como que, en las plantas cultivadas, se generan condiciones para que estas puedan expresar todo su potencial genético y con ello una mayor eficiencia productiva por unidad de superficie.