La realidad que vive la población femenina en el agro colombiano, y que mostró recientemente la última entrega del Censo Nacional Agropecuario, es desalentadora.

Solo 12,9% tiene maquinaria agrícola, 8,5% cuenta con servicio de asistencia técnica y en cuanto al acceso a la educación, es limitado. Cerca de 12,4% no sabe leer ni escribir.

La participación de los hombres en las unidades productivas es mayor que la femenina. Solo 329.000 mujeres (24%) son independientes en el sector rural. Mientras que los hombres comandan 59,9% de los espacios productivos.

Estas cifras eran de esperarse, pues aún hoy, a las mujeres no se les considera partícipes del trabajo de la tierra. No se les cuenta su trabajo como cuidadoras del hogar y tampoco, la ayuda que le brindan a todos los trabajadores.

La brecha de genero que se vive en el campo colombiano es lo que también revelan estos datos entregados por el Departamento Nacional de Estadística (Dane).

Por otro lado, un 73,7% de las mujeres tiene solo predios que no sobrepasan las cinco hectáreas. Muy pequeños en comparación con los de los hombres.

Sin embargo, el panorama es diferente cuando la decisión del predio es compartida y aquí, las condiciones femeninas mejoran en algunos aspectos.

Y no solo, la falta de propiedad sobre la tierra, sino la dificultad para acceder a créditos que les permitan hacerla mucho más productiva.

Ya en anteriores entregas del Censo nos habían mostrado de qué manera desde el sector rural, por desconocimiento o por falta de vida crediticia, el acceso al crédito es una limitante.

No obstante, en este caso, las mujeres llevan la ventaja sobre los hombres. La aprobación del mismo es de 90,3 % para el sector femenino y 89,6% para los hombres.