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Según el Censo Nacional Agropecuario publicado en Colombia después de más de 40 años (como muestra de cómo el país le ha dado por décadas la espalda al campo) menos del 10% de los agricultores recibieron durante 2013 asistencia técnica y sólo 11% tuvo acceso a crédito. Este abandono, es en gran medida el responsable del retraso del sector, que en palabras del Ministro “se encuentra aún en la era del machete”. 

El país afronta un reto histórico para llevar desarrollo y bienestar a su población rural: la modernización de la agricultura y el campo. El acceso a soluciones ofrecidas por empresas de base tecnológica, es fundamental para tener un sector rural con mayores oportunidades de equidad y progreso y para ofrecer productos más competitivos, sostenibles y diferenciados. La innovación y el emprendimiento, son parte de la solución para hacer del agro un verdadero motor para una paz sostenible y para el bienestar de las poblaciones rural. 

Los bioinsumos contribuyen a la producción de bienes agrícolas con menos carga de agrotóxicos y protegen la vida en todas sus expresiones:  la de consumidores que acceden a alimentos más sanos, la de agricultores que laboran en ambientes menos contaminados y la de polinizadores, biocontroladores y microorganismos benéficos, fundamentales para la productividad de los agroecosistemas. 

Durante los últimos paros agrarios, los campesinos y agricultores, víctimas del rezago y el abandono del campo, priorizaron dentro de sus peticiones el acceso a insumos agrícolas más baratos, ignorando que casi siempre “lo barato sale caro”. El hecho de serlo, no resuelve uno de los problemas de fondo que radica en el uso de paquetes tecnológicos y moléculas obsoletas y en la falta de asistencia técnica que ante su carencia, ha sido suplida con sesgo comercial por las empresas fabricantes o distribuidoras de agroquímicos, muchas veces sin considerar las consecuencias de su uso indiscriminado. 

El hecho de ser más baratos podría incluso empeorar el círculo vicioso al inducir a mayores aplicaciones de pesticidas y fertilizantes innecesarios (que a su vez traen más problemas ambientales como el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad o fitosanitarios como la resistencia de plagas) generando mayor contaminación de las cosechas, el agua, el campo, los trabajadores y los consumidores, en detrimento de la competitividad, productividad y sostenibilidad de la agricultura, la salud pública y el bien común.

En Colombia, los biopesticidas, alcanzan tan sólo 3% del mercado total, mientras que los pesticidas químicos, muchos de ellos genéricos, dominan el mercado con cerca del 97% aún cuando muchos ya han sido prohibidos o restringidos por su toxicidad, bien sea en sus lugares de origen o en los países destino de nuestras exportaciones. Otro indicador que claramente evidencia la baja tasa de adopción de los biopesticidas, es el puesto 26 de 31 que ocupa Colombia en el ranking latinoamericano de agricultura orgánica, con tan solo 31,621 hectáreas en 2014 lo cual representa 0,1% del área total cultivada (según la Fibl e Ifoam).

Cada vez existen más empresas innovadoras en Colombia vinculadas al agro, y varias de estas al igual que Ecoflora Agro, ya son empresas asociadas al gremio más joven del sector (Asobiocol), o son empresas Endeavor o certificadas como Empresas B (movimiento global que está redefiniendo el sentido del éxito en los negocios y que certifica a empresas que no sólo buscan ser las mejores del mundo, sino ser las mejores para el mundo).

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