Los campesinos, u hombres de negocios del campo de Colombia, deben caminar a ser empresarios, y en eso han influido fenómenos como los Tratados de Libre Comercio TLC y la necesidad de hacer mucho más productiva la tierra que trabajan.

La economía globalizada abrió el campo colombiano, que en su mayor parte está conformado por productores familiares agropecuarios.

En el país existen alrededor de 4,7 millones de hectáreas cultivadas, según datos del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

‘La competencia es muy grande. No es con el vecino ni con los departamentos colombianos, es entre países, y eso implica estar mejor preparados. Se debe tener unos elementos básicos y conocimientos fundamentales’, sostuvo el presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros Agrónomos, Ángel Alberto Caro.

Estos retos han llevado al campesino de hoy a prepararse.
Además de leer, escribir y de manejar matemáticas básicas, sabe y entiende de mercados si cultiva commodities que cotizan en bolsas, de negocios, de los vaivenes de los precios externos y de qué incide en ellos, además, quiere ser sostenible, tener tecnología, accede a información, y por su puesto, sabe de internet.

‘Deben tener una mentalidad hacia la innovación, de buscar permanentemente nuevas metodologías, para lo cual pueden hacer contactos con universidades’, sostuvo el experto.

El directivo indicó que la producción de comida en el país y de las materias primas fundamentalmente sale del trabajo de pequeños productores.
‘La gran empresa y la gran industria agropecuaria está en el azúcar y la palma, en su buena mayoría’, sostuvo.

Pero ese tránsito de perfil de un campesino de mente cerrada a uno ávido de conocimientos e interesado en lo que pasa en su entorno y los factores que lo afectan, lo ha llevado a entender que tiene derechos y ver en la asociatividad una manera de ser más productivo.

‘Hay un perfil de cambio en el que se reconoce como actor principal, y exige calidad en su educación. Tiene una visión empresarial en el sentido de asociarse más que de agrupamiento’, señala la rectora de la Universidad de Santa Rosa de Cabal en Risaralda (Unisarc), Elizabeth Villamil, quien considera que hoy el campesino sabe que tiene derechos.

Caro agregó a lo anterior que ‘hoy el hombre que está en el campo tiene concepto gremial y sabe que si quiere competir en el mercado debe unirse y asociarse. La competencia en un mercado global es con transnacionales que tienen economías de escala, por lo tanto, salir solos ya de entrada es una desventaja y el campesinado actual eso ya lo tiene claro’, agregó.

Nuevo perfil
Sin embargo, otros conceptos indican que el país tiene actualmente varios perfiles de campesinos en todo el territorio que se resumen en los minifundistas o pequeños productores agropecuarios y los medianos y grandes productores. En el primer caso ha influido en su perfil la ausencia de políticas de Estado en el campo y los factores de violencia.

En este sentido, el gerente de la Federación Nacional de Arroceros (Fedearroz), Rafael Hernández, señala que si se va al campo, donde están los labradores de la tierra, por el tamaño de sus parcelas, se tiene un hombre del campo con muchas ausencias.

‘Tiene ausencia de adecuación de tierras, no hace manejos empresariales, es un tomador de precios del comprador de su producto, con un nivel académico bajo y con muchas necesidades. Igualmente, este campesino carece de conocimientos básicos y de varias ausencias del Estado’, sostuvo.

Pero el perfil, indica Hernández, cambia cuando se habla de productores medianos y grandes, que actualmente ya incorporan en sus actividades productivas conceptos empresariales, de gestión y gerenciales.

‘Un agricultor de mediano tamaño hacia arriba es una persona con el conocimiento y preparación suficiente para entender el tema de la comercialización de sus productos y es, en efecto, un empresario.

Además, busca siempre adoptar tecnologías y tener mayores eficiencias’, indicó.

El directivo de Fedearroz explica que el problema del pequeño agricultor tiene que ver mucho con los resultados que ha tenido Colombia en materia agropecuaria y la misma ausencia del Estado en el campo.

No obstante, los expertos en el tema coinciden en que es innegable que el campesino colombiano, de cara a los Tratados de Libre Comercio que está adelantando el país, debe emprender, sin importar el tamaño de las negociaciones, conceptos de eficiencia porque este factor será fundamental en una economía globalizada.

En la búsqueda de un mayor bienestar
A la fortaleza que por naturaleza ha caracterizado al campesinado colombiano se une un perfil actual: búsqueda de su bienestar. Y eso se ve, dice Luis Eduardo Salazar, director Técnico de Bellota Colombia, una organización fabricante de herramientas para el sector agropecuario, en que exige del mercado productos que le hagan más fácil el trabajo y le ayude a conservar su salud. ‘El campesino que quiera mecanizar su trabajo en el campo debe tener en cuenta, primero, herramientas que le alivien la fatiga del trabajo diario, y segundo, aprovechar la tecnología.