Las cifras hablan por sí solas. Si no se toman medidas a tiempo los caficultores del centro del país tendrían pérdidas por más de mil millones de pesos y enfrentarían una merma en la producción del grano superior al 12 por ciento.

Luego de investigar el daño que está generando el cambio climático a la producción de café en el Cundinamarca y de consultar a por lo menos 300 caficultores que trabajan, de sol a sol, en 45 fincas cafeteras de los municipios de Tabacos, Pacho y San Juan de Rioseco, llego a la conclusión que la producción del grano no solo se afecta por la enfermedad de la roya, sino por las inclemencias del clima.

El cambio climático, tan de moda por estos días, especialmente por las declaraciones de presidentes como el de Estados Unidos, entre otros, es el culpable de los que caficultores de la región estén a punto de enfrentar pérdidas económicas millonarias y una reducción significativa en la producción del grano si no se toman medidas inmediatas.

Como Artemio Gómez, productor del municipio de Pacho, hay por lo menos 350 caficultores, que reconocen que antes sabían en qué mes llovía gracias a la época, las cabañuelas o el almanaque Bristol, pero ahora se sienten confundidos.

El culpable no es el gobierno, aclaro, sino el continuo incremento de la temperatura y la disminución de la humedad, especialmente en las zonas bajas de los municipios del centro del país, que genera aumento de plagas, enfermedades y disminución de poblaciones de aves y otros animales silvestres debido a las condiciones del clima.

En el área social en los tres municipios, también se identifican como amenaza la migración de los jóvenes campesinos a la ciudad, lo que está afectando la disponibilidad de mano de obra en las fincas cafeteras y el relevo generacional.

A estas causas, se suma los constantes derrumbes producidos por el aumento en la intensidad de las lluvias en algunas regiones que están ocasionando pérdidas de áreas productivas y generando taponamiento de vías, afectando de forma directa la comercialización del grano.

Sin embargo aún hacen falta estudios que permitan cuantificar las pérdidas económicas que podría generar la variabilidad climática en las zonas rurales, que a nivel nacional se calcula podría ascender a los 10 mil millones de pesos.

A la fecha, informes recientes de la Federación Nacional de Cafeteros  registran un efecto directo de la variabilidad climática sobre la actividad cafetera en el país. En 2011, por ejemplo, la Federación reportó una producción de café en Colombia de 7,8 millones de sacos, 12 por ciento menos al nivel registrado en 2010, lo que se asocia con los efectos del clima y con un mayor esfuerzo en los procesos de renovación.

Palabras más, palabras menos, solo puedo decir que si no se toman medidas, se presentará una disminución drástica de la productividad y calidad del grano, debido a los factores descritos, que afectará la economía y el sustento de más de ocho mil familias cafeteras de Cundinamarca.