El tímido proyecto que Raquel Cala comenzó hace dos años ha tenido tal éxito que ella está buscando cómo expandirse. Fue pionera en el país en la producción de guisantes (leguminosa propia de la dieta mediterránea) y cogollos europeos hace 15 años y aunque se ausentó temporalmente del negocio regresó con una apuesta alta que a la fecha tiene pocos competidores: la producción de hortalizas de colores.

Acelgas y rábanos en la gama de los magenta, zanahorias desde blanca hasta terracota, col china, cebollas y otras  hortalizas que sorprenden en una bandeja de 205 gramos al consumidor desprevenido que se pasea por los estantes de las grandes superficies, son el distintivo de su negocio, el cual ya está tramitando ante la Cámara de Comercio como R. Cala.

“Comencé a ver que había otras cosas buenas que se podían producir entonces comencé a hacer ensayos”, cuenta. Así fue como trajo las repollitas, luego los coliflores y fue implantando los 14 productos que tiene a la fecha sembrados en dos fincas de una hectárea cada una.

En es proceso de intento y error la acompañó un equipo de almacenes Carulla. Ella les presentaba muestras de su cosecha y ellos la exhibían para comprobar si era del gusto del comprador. Esta aceptación se convirtió en la guía de Raquel para saber qué no sembrar y a qué darle prioridad. “Es estar mirando”, dice.

Actualmente le entrega a la empresa entre 40 y 80 bandejas a la semana, el triple de lo que les vendía cuando inició, también aumentaron la frecuencia de esos envíos que terminan su ruta empaquetados en la bodega de Montevideo.

“Son productos innovadores, ricos y fáciles de consumir, solo basta con saltearlos o cocinarlos al vapor”.

De hecho, para servirle de guía a los interesados colocó en cada empaque la descripción breve de una receta para la que no se necesita más de lo que se puede tener en casa. También las complementa con lo que sus contactos le cuentan de cómo preparan los alimentos.

El ciclo de producción de Raquel va de tres a cuatro meses, es más corto porque sus productos están en la categoría mini, de manera que tengan el tamaño justo para una comida en una familia promedio y siempre se puedan consumir frescos.

Cuando se le pregunta por los costos de producción calcula rápidamente entre $4 y $5 millones mensuales incluyendo la nómina de siete colaboradores para el cultivo, la cosecha y el empaquetamiento.

Las Ferias Campesinas de Carulla le han permitido tener contacto con los clientes para conocer de primera mano sus preferencias. “Nos dan la oportunidad de contarles frente a frente lo que hacemos y cómo lo hacemos para que ellos tengan seguridad de comprar e intención de apoyar lo que se hace en el campo”. Además, pueden oír recomendaciones de la boca de los compradores, pues dice que “uno aprende de ellos”.

También celebra que el almacén haya trabajado con ella de la mano y que haya reconocido su esfuerzo por cumplir con las entregas y cantidades evitando lograr acuerdos con otros proveedores que le hagan competencia. Y reconoce que le pagan mejor que otros clientes que ha tenido y que lo manifestado en otras ofertas que le han hecho.

Dentro de esos procedimientos ajustados a las buenas prácticas agrícolas figura en primer lugar la moderación con el uso de agroquímicos. “No podemos cambiar su sabor natural”.

Cuidados del cultivo

LOS CONTRASTES

  • Álvaro PalacioGerente de Asohofrucol

    “La meta del gremio es ampliar el área cultivada en productos hortofrutícolas a 137.000 hectáreas para alcanzar una producción de 637.000 toneladas anuales y satisfacer la demanda nacional”.

El primer paso es germinar en semilleros y ayudar a progresar las plántulas en un invernadero antes de sacarlas a campo. La preparación del terreno se hace con maquinaria de siembra y se fumiga una vez a la semana. Además, todo el material orgánico que no se utiliza se vuelve compost dejándolo secar y desinfectándolo. Luego se procesa y vuelve al cultivo en forma de abono.

En este proceso de expansión la productora ha recibido apoyo de la banca privada gracias a una relación que venía de tiempo atrás. Es por eso que reconoce la labor de las entidades financieras cooperativas por encima de las ayudas gubernamentales, pues no ha podido acceder a ninguna de ellas.