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Desde hace siete años Juan Esteban Vélez, es gerente de Artequino, una empresa dedicada al negocio de la talabartería artesanal. En el marco de Agroexpo, Agronegocios, habló con el fabricante de Envigado, Antioquia, quien busca siempre imprimir innovación, desarrollo y moda en cada uno de sus accesorios para jinetes y equinos.

¿Por qué decidió comenzar este negocio?

Antes tenía una empresa de sombreros y talabartería con un socio, pero básicamente, mi hobby, que son los caballos, se volvió mi empresa. Además, vi la necesidad de hacer productos que mejorarán las condiciones del animal y las del jinete.

¿Los productos que ya había en el mercado tenían falencias?

Anteriormente, había sillas hechas con productos de menos calidad. Por eso buscamos siempre la comodidad del jinete y que no se maltrate el caballo, para que disfrute del trabajo de entrenamiento, la exposición o la cabalgata.

Usted es usuario y fabricante ¿qué es lo que más se necesita a la hora de montar?

Las sillas tienen medidas. A las personas que van a comprar siempre les tomamos la medida para que estén cómodas. Además, le preguntamos qué tipo de caballo van a usar, porque hay muchas razas, y dependiendo de esto nosotros le ofrecemos la silla adecuada para su caballo.

Entonces, ¿cuál es la silla más pedida por sus clientes?

Yo vendo más que todo las que son para caballo criollo colombiano.

¿Qué características tiene la silla para esta raza?

Hacemos el galápago, que es una silla de exposición o show. Es más pequeño y menos confortable, para un paseo largo, porque las competencias duran una hora. Además, ofrecen una mejor postura al jinete y permiten que se vean los movimientos del animal.

¿Qué tantos galápagos venden al año?

Se venden de 25 a 30 galápagos para show en un año. De los otros, como el de maratón o el de paseo se venden cinco o seis y se hacen por encargo.

¿Cuánto puede variar el precio entre los dos tipos?

El de maratón vale $2,5 millones y el de show $3 millones.

¿Cada cuánto un caballista cambia sus accesorios?

Es relativo y depende del uso que se les dé, pero como son hechos con materiales de muy buena calidad los clientes se pueden demorar entre cuatro y cinco años en cambiar un galápago. Ya que, si se hace un buen mantenimiento, solo lo suelen cambiar cuando sacamos un producto nuevo.

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