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La granja de 160 hectáreas de Al Gore se encuentra en Carthage, una pequeña ciudad de Tennessee donde el exvicepresidente y exsenador inició sus campañas políticas. Durante el segundo acto de Gore como ecologista famoso, la granja se convirtió en el sitio de un programa de capacitación para aspirantes a activistas por el clima y, más recientemente, un experimento en lo que, según él, es la oportunidad más realista del mundo para evitar una catástrofe climática.

La capa superficial del suelo, los primeros más o menos 30 centímetros bajo tierra, es responsable de casi toda la producción de alimentos en la Tierra. Pero también almacena más del triple de carbono que los bosques. Hoy, la agricultura es un emisor neto de carbono y contribuye alrededor de 14% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Pero a diferencia de la generación de energía o los automóviles, la agricultura puede convertirse en un "absorbedor" neto, eliminando el carbono de la atmósfera.

Si se cambia las prácticas agrícolas mediante el uso de cultivos de cobertura —labranza baja y plantación de árboles—, asegura Gore, los conglomerados agrícolas y los agricultores familiares por igual podrían en teoría hacer que sus granjas sean más productivas mientras se lucha contra el calentamiento global. Esos cambios también pueden reponer nutrientes al suelo del mundo, de los cuales el 33% ya se ha agotado.

Se trata de círculo virtuoso —si alguna vez hubo uno— que ya está atrayendo la atención de agricultores, consumidores y compañías de alimentos.

Gore, de 71 años, predica los beneficios del llamado cultivo de carbono —una forma de cultivo regenerativo—, en un momento en que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha estado tratando de revertir las regulaciones destinadas a limitar las emisiones de gases de efecto invernadero.

Gore, quien en estos días es más un defensor en mezclilla que un tecnócrata reservado, no se inmuta. Su laboratorio ha sido la granja donde sus padres una vez criaron ganado y cultivaron tabaco. A principios de este mes, invitó a 450 expertos en suelos (agricultores, científicos, chefs, expertos en alimentos, empresarios e inversionistas) a unirse a él para discutir cómo convertir la agricultura regenerativa en algo que realmente pueda frenar el cambio climático.

"Hemos esperado tanto para comenzar a abordar la crisis climática", dijo Gore a los reunidos. "Tendremos que reducir las emisiones drásticamente y eliminar tanto carbono de la atmósfera como sea posible".

A diferencia de 2006, cuando la película de Gore "Una verdad incómoda" se encontró con escepticismo en algunos sectores, 13 años de tormentas intensas, inundaciones catastróficas y sequías e incendios forestales sin precedentes han persuadido a más estadounidenses de que hay un gran problema. El objetivo ahora, dice Gore, es lograr que las personas comiencen a tomar en serio la agricultura de carbono.

Cuando se trata de abordar lo que pronto puede convertirse en una crisis existencial, las cifras son desalentadoras. Se necesita billones de dólares para adaptar la civilización a las consecuencias a corto plazo del cambio climático, mientras que se necesita decenas de billones de dólares para frenar su avance. Pero Gore asegura que todavía hay muy pocos planes para revertir el calentamiento global que no dependan de tecnología que aún no se ha desarrollado.

"Plantar árboles y secuestrar carbono en el suelo probablemente seguirán siendo los dos enfoques más efectivos", dijo Gore en una entrevista en su granja de Carthage. "Ya hay alguna indicación de que las granjas que operan de esta manera son más resistentes frente a los climas extremos".

Los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera están en su punto más alto en 3 millones de años. Los océanos, los sumideros de carbono más grandes de todos, se están acidificando porque retienen demasiado. La vida vegetal, que absorbe CO2 a través de la fotosíntesis, puede hundir carbono en el suelo. La agricultura regenerativa ayuda a acelerar eso, con el beneficio adicional de producir un suelo más rico en nutrientes.

Rattan Lal, profesor de física del suelo y director del Centro de Manejo y Secuestro de Carbono de la Universidad Estatal de Ohio, es el científico clave detrás del pensamiento de Gore. Lal servía en el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) cuando compartió un Premio Nobel con Gore en 2007, y recibió el Premio Japón este año por su trabajo en el secuestro de carbono en el suelo.

La población mundial utiliza actualmente más de un tercio de la superficie del planeta para la agricultura, según Naciones Unidas. En EE.UU. cerca de 40% del terreno son tierras de cultivo. El suelo utilizado para la agricultura se ha degradado y erosionado durante siglos de uso, perdiendo entre 20% y 60% de su contenido de carbono original, según el IPCC. La investigación de Lal muestra que el suelo puede secuestrar carbono a tasas de hasta 2,6 gigatoneladas cada año. Una combinación agresiva y global de plantación de árboles y mayor vegetación, junto con el secuestro de carbono en el suelo, asegura, tiene el "potencial técnico" para absorber 157 partes por millón de CO2.

Con cerca de 415 partes por millón en el aire hoy, un gran salto en comparación con hace unas décadas, eliminar solo una fracción de eso podría frenar el avance del calentamiento global.

Gore es realista cuando se trata de la política tensa del cambio climático y las políticas que tendrían que alinearse para hacer posible ese potencial. Además, el cultivo de carbono es un concepto incipiente en Estados Unidos. Pero incluso sin ninguna legislación en el horizonte, la gran agricultura está empezando a prestar atención.

Los compradores con conciencia ecológica están comenzando a buscar alimentos cultivados con prácticas regenerativas, al igual que lo hacen con productos orgánicos y envases sostenibles. General Mills estableció una meta en agosto de tener más de 400.000 hectáreas en su cadena de oferta que hayan hecho la transición a la agricultura regenerativa para 2030, y un grupo de empresas, entre ellas Danone North America y Ben & Jerry’s, de Unilever, han estado trabajando en una certificación para alimentos cultivados con prácticas regenerativas.

Sin embargo, no todos están convencidos de que ha llegado su hora. Timothy Searchinger, un investigador de la Universidad de Princeton que ha estudiado el tema, asegura que el cultivo escalable de carbono sigue siendo un sueño.

"Hay una increíble cantidad de incertidumbre científica", afirma Searchinger. "Prácticamente no hay análisis que muestre la viabilidad de hacer nada de esto a escala".

De hecho, si bien hay alguna evidencia de que el carbono del suelo se puede reconstruir en tierras degradadas, la técnica requiere poner tanto nitrógeno en el suelo que puede no ser viable en algunos lugares, dice. Además, muchos agricultores regenerativos descubren que después de unos años de cultivo sin labranza, sus rendimientos comienzan a disminuir. Searchinger asegura que las mejores opciones para lograr el secuestro natural de carbono a escala serían centrarse en reducir la deforestación y preservar las turberas.

"No es lo más útil en la agricultura", dice Searchinger. Si bien la agricultura de carbono sería útil, piensa que el mayor problema de la agricultura para el clima es el metano del ganado, algo que podría abordarse con aditivos para piensos.

En su forma más básica, la agricultura de carbono consiste en dejar el suelo quieto. Simplemente arar y labrar los campos puede alterar la estructura natural del suelo, liberar el carbono almacenado a la atmósfera y desplazar los insectos y los microbios necesarios para un suelo saludable. La agricultura sin labranza crea campos mejores para absorber tanto agua como carbono.

La agricultura regenerativa tiene más costos que los métodos tradicionales, especialmente por adelantado. Solo unos 40 millones de hectáreas en todo EE.UU. están utilizando algunas prácticas regenerativas, según Project Drawdown, un grupo de investigación del clima. El grupo estima un costo de alrededor de US$57.000 millones para convertir otros 380 millones de hectáreas para 2050, pero unas 23,15 gigatoneladas de CO2 podrían ser absorbidas de la atmósfera al hacerlo.

Si bien no es una solución a la crisis climática en sí misma, Lal dijo a la audiencia en la granja de Gore que la agricultura regenerativa podría ser, al menos, "un puente hacia el futuro".

Plantar los mismos cultivos comerciales cada año sin rotarlos tiende a agotar los nutrientes del suelo. En cambio, la agricultura regenerativa da como resultado cultivos más densos en nutrientes. Pero la mayoría de los agricultores no tienen ningún incentivo para cambiar lo que están haciendo, porque los productos básicos estadounidenses como el trigo, el arroz, la soja y el maíz generalmente están cubiertos por un seguro de cosechas subsidiado por el gobierno federal, una industria de US$100.000 millones que actualmente garantiza que más de 117 millones de hectáreas de las tierras agrícolas estadounidenses generen beneficios para los agricultores, independientemente de la cosecha.

"Para la mayoría de las personas, esta es una idea muy nueva", afirma Will Rodger, director de comunicaciones de políticas de American Farm Bureau Federation. “Ciertamente, somos conscientes de que el carbono se puede almacenar en el suelo, pero los agricultores tienen márgenes muy estrechos. Muchos de nuestros miembros lo están analizando detenidamente, pero la pregunta es cómo convertirlo en un negocio".

La Alianza de Agricultores y Ganaderos de EE.UU. propuso a principios de este año que los bancos encuentren modelos de financiamiento más creativos para ayudar a los agricultores a emplear prácticas regenerativas. Un estudio publicado este mes en Nature Climate Change descubrió que el despliegue de estrategias del sector de la tierra como el cultivo de carbono, así como la reducción del desperdicio de alimentos y el aumento de las dietas basadas en plantas, podría convertir la agricultura en un absorbedor neto de carbono a partir de 2050.

Gore predice que la adopción popular de la agricultura regenerativa algún día se impondrá, de la misma manera que los paneles solares para los hogares y los vehículos eléctricos. "Los agricultores están haciendo esto porque piensan que es mejor para ellos", asegura Gore. "Busco señales de esperanza".

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