Agricultura

Así desarrolla Stine Seed Company sus semillas de alto rendimiento para maíz y soya

Myron Stine, presidente de la compañía, explica que el pilar de su éxito es la escala de su investigación para tener las mejores semillas
Martín Pinzón Lemos
26 de agosto de 2026

La exigencia por obtener mayores rendimientos en el campo y la necesidad de adaptar los cultivos a condiciones climáticas cambiantes han llevado a la industria agrícola a niveles de investigación sin precedentes.

Un claro ejemplo de esta evolución es Stine Seed Company, una empresa enfocada específicamente en el maíz dentado amarillo y la soja, que basa su éxito global en un modelo de mejoramiento genético de proporciones masivas.

Para entender cómo nacen las semillas que llegan a las manos de los agricultores, es necesario observar la magnitud de sus operaciones. Myron Stine, presidente de la compañía, explica que el pilar de su éxito es la escala de su investigación: “Nuestros programas tienen tres características básicas que los hacen exitosos, y la primera es que son muy, muy grandes”.

El proceso de creación comienza con la innovación pura en el laboratorio y el campo. “Cuando creamos un nuevo híbrido de maíz o una nueva línea de soja, hacemos combinaciones genéticas que el mundo nunca antes ha visto”, afirma textualmente Stine. Sin embargo, crear la semilla es solo el primer paso; el verdadero desafío es probar su eficacia. Para ello, la compañía no escatima en recursos.

Stine detalla que estas nuevas genéticas se someten a un programa de evaluación sumamente riguroso, testeando el material en múltiples entornos de cultivo que abarcan desde Kansas hasta Ohio en los Estados Unidos. La magnitud de estas pruebas es asombrosa. “Cada ubicación puede examinar entre 1.500 y 4.000 líneas individuales diferentes. Y esas líneas se replican típicamente en 25 a 35 ubicaciones”, detalló el presidente de la empresa. Esto se traduce en la siembra de 2.5 millones de parcelas de prueba a lo largo del país.

Para lograr procesar esta inmensa cantidad de información y separar los híbridos exitosos de los descartables, Stine Seed Company despliega tecnología especializada. Cuentan con una flota de entre 55 y 60 máquinas cosechadoras que se envían a todas las ubicaciones para recolectar el grano y, lo más importante, los datos de rendimiento. El ritmo de trabajo durante la temporada de recolección es frenético: “Cosecharemos 55.000 parcelas cada día hasta que terminemos”, puntualiza Myron Stine.

Toda la información recolectada se lleva a una ubicación central donde los expertos analizan los datos para determinar qué genéticas superan los estándares. Solo un porcentaje muy pequeño de esas líneas endogámicas iniciales logra pasar por todo el programa para convertirse finalmente en un híbrido comercial.

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