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Uno de los recursos más  útiles y eficaces para los productores agrícolas es el análisis de suelos, herramienta que puede presentar grandes beneficios para cualquier tipo de cultivo. 

A través de este se examinan las condiciones físico-químicas de cada lote y, de acuerdo con ellas, se pueden definir planes nutricionales racionales y efectivos en específico. De esta manera, un plan de fertilización debe considerar el uso de correctivos de acidez y micronutrientes limitantes en suelos tropicales como el zinc y el boro.

El análisis de suelos revisa características químicas como el pH, que condiciona la disponibilidad de casi todos los nutrientes de una planta. Esta propiedad puede medirse directamente mediante el uso de un pH metro o peachímetro, o bien como parte complementaria del análisis de muestras de suelos que se envían a un laboratorio. 

Con una mala corrección, las pérdidas en fertilizantes pueden ser de más del 70% en muchos casos, lo que perjudica la productividad. Así, esta práctica suele ser beneficiosa para un productor, ya que su previsión es de mayor importancia que la fertilización como tal y permite una mayor certeza del uso de grados de fertilizantes que se ajusten a las necesidades del cultivo y los aportes del suelo. 

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