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La producción de aceite de palma a nivel mundial ha incrementado considerablemente en los últimos cinco años. Su resistencia al deterioro, su alto punto de fusión y sus costos inferiores de producción le han otorgado ventajas sobre los otros aceites vegetales, lo que lo ha masificado en productos como chocolate, pan, shampoo y bio diesel.

Según un informe de Statista, su producción anual se ha cuadriplicado entre 1995 y 2015, lo que ha tenido “graves consecuencias ambientales”, sobre todo cuando se espera que su crecimiento vuelva a multiplicarse cuatro veces más para 2050.

Indonesia y Malasia, con cerca de 85% de la producción mundial de aceite de palma, según cifras del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, son las mayores potencias en cuanto a este combustible vegetal, produciendo 42,5 y 19 millones de toneladas en 2019, respectivamente.

Colombia, con 1,53 millones de toneladas producidas el año pasado se ubica en la cuarta casilla, justo por debajo de los 2,80 millones de toneladas de Tailandia. Nigeria, Guatemala, Honduras y Nueva Guinea componen el resto del top 8, cada uno con una producción correspondiente al 1% mundial.

Para el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, “es preocupante” el efecto ambiental que generan estos cultivos, sobre todo cuando la mayoría de estos están en ecosistemas de selva tropical. Según el informe, la masificación de los cultivos de palma ha llevado a una deforestación descontrolada, a la destrucción del hábitat de muchas especies en peligro de extinción como el orangután y el tigre de Bengala.

Asimismo, el ente gubernamental hizo un llamado a la igualdad de ingresos y al trabajo justo, luego de denunciar posibles casos de explotación laboral en los cultivos a nivel mundial.

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