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Las próximas elecciones legislativas y presidenciales hacen del 2018 un año trascendental para muchos sectores del país, principalmente para el agro. Quien sea el sucesor del presidente Juan Manuel Santos, debe mantener el impulso que este Gobierno le dio al campo y reconocer nuestra ventaja como uno de los siete países de Latinoamérica con mayor potencial para el aprovechamiento de áreas cultivables, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Hace dos años lideré como viceministro de Agricultura la creación de la Agencia de Desarrollo Rural (ADR). En ese momento, cuando estructuramos esta entidad, sabíamos que la Agencia tendría que asumir retos y compromisos clave para que quienes viven del campo tengan mejores ingresos económicos, acompañamiento permanente, maquinaria y acceso al agua, entre muchos otros recursos. Concentrar esfuerzos para que las cosechas de los campesinos colombianos no se queden en las fincas, sino que logren llegar a mercados formales sin intermediarios con el fin de restablecer el tejido social y aportar al crecimiento económico del país.

Hoy la ADR está estructurando y aprobando proyectos que beneficiarán a más de 25.000 productores que con el apoyo de la Agencia han redescubierto el campo y sus oportunidades. Una de las estrategias que hemos desarrollado junto a instituciones de gran envergadura como la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodoc) y la FAO es el programa de asociatividad del campesinado en Colombia. A través de alianzas estratégicas para la implementación de los Proyectos Integrales de Desarrollo Agropecuario y Rural logramos que los trabajadores y emprendedores del campo se alíen y formen equipo. Estas alianzas impulsan más de 200 proyectos con el fin de mejorar la actividad productiva y competitividad de los campesinos en el mercado local y nacional.

Cabe mencionar la iniciativa que se desarrolla en 13 municipios del Cauca con 300 pequeños productores ganaderos a través del fortalecimiento de la actividad ganadera doble propósito y donde se espera tener rendimientos sostenibles, rentables y amigables con el medio ambiente. Los anteriores, son solo ejemplos de casos de éxito que tenemos en todo el país y que tenemos proyectado multiplicar. 2017 fue la prueba de que los recursos y el trabajo que se destinan al campo son la mejor inversión. Aunque el año pasado fue difícil para la economía nacional fue el mejor de las últimas décadas para el sector agropecuario con un crecimiento promedio de 4,9% y con variaciones positivas durante todos los trimestres del periodo.

El crecimiento del ingreso disponible de las economías emergentes, la mejora en la calidad de la dieta y el incremento estimado de la población mundial a 9.700 millones de personas en 2050 (ONU 2015) sumado a las 23 millones de hectáreas cultivables que tiene Colombia (de las cuales hay sembradas 7 millones) hacen la ecuación para entender por qué debemos apostarle al campo.

En la ADR nos concentraremos durante los próximos meses en que nuestros héroes del campo reciban más y mejores ingresos económicos por sus cosechas, combatiremos las nocivas cadenas de intermediarios, llevaremos soluciones de agua a sus cultivos, promoveremos la recuperación y reparación de vías terciarias y finalmente demostraremos a nuestros campesinos, afrocolombianos, indígenas y gremios de la producción, que esta Agencia es el mejor aliado para el desarrollo del campo colombiano.