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Manifestaciones como el paro camionero o problemas climáticos como el fenómeno de El Niño y los altos costos de los insumos para agricultura que son traídos del exterior por un dólar caro, hicieron que en el primer semestre del año la inflación tocará 8,36%.

Los alimentos que más tuvieron aumentos en las principales ciudades del país (Medellín, Cali y Bogotá) fueron el tomate, el plátano hartón, la papa y hasta la panela. 

La carne de res y algunas frutas que no se consumen regularmente como la granadilla también tuvieron sus días de alzas en las centrales de abastos. 

Los establecimientos de mercados tuvieron sus propias dificultades con la falta de abastecimiento. Tal como lo mostró una nota de LR que se publicó la semana pasada, en agosto se registraron 435.515 toneladas en 16 centrales. Una cifra que difiere si se compara con el mes de julio, cuando se acopiaron 367.554 toneladas de productos.  

Sin embargo, como el paro se acabó y el fenómeno climático mermó, los consumidores han tenido un respiro en los últimos meses. En agosto, por ejemplo,  la inflación representó  una reducción de 0,32%, sin embargo en el año corrido se ubicó en 5,31%. 

El ideal sería que el alza en el precio de los alimentos significara un aumento en los ingresos de los productores. No obstante, la relación no se da estrictamente en doble vía, como se podría llegar a pensar. 

En muchas ocasiones, los intermediarios son los que terminan quedándose con la ganancia ocasional, mientras que los productores pierden recursos, no solamente por la transacción sino porque aumentan sus cultivos en productos que a futuro no tendrán la misma acogida, es decir, no mostrarán un precio elevado en el mercado, pues la variabilidad de costos se vuelve momentánea.

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