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Como les parece que tuve la gran bendición de participar, de la segunda expedición científica y técnica al Macizo Colombiano, la primera se realizó en el año 1993. Participamos cerca de 70 expedicionarios, personas llenas de amor por el agua, la biodiversidad, amor por Colombia, por el campo y el campesino, todos preocupados por dejar un mejor mañana para nuestras futuras generaciones.

Fue muy gratificante compartir con todos ellos y sobre todo, debatir con un grupo tan diverso, en el cual, por supuesto, también participaron cafeteros y campesinos de diferentes regiones.

Uno de los objetivos principales, fue comparar lo encontrado en la primera expedición, cuyas memorias están en el libro Papayacta, con lo que se encuentra actualmente. La verdad, se puede observar deforestación, contaminación, basuras, reducción del caudal de los ríos, que como bien sabemos, son perjudiciales, y también encontramos las razones por las cuales debemos unir esfuerzos con hechos, con acciones y leyes, enfocados en el cuidado de nuestra estrella fluvial, el Macizo Colombiano.

Esta experiencia es muy diferente contarla que vivirla. Es una caminada de dos días, donde se puede apreciar el sonido del agua, del viento, de los pájaros y el movimiento de los árboles. Donde se respira aire puro y se puede tomar agua directamente de la quebrada ¿será que esto se puede hacer en cualquier parte del país? ojala que sí. Allí entendí el por qué se le llama tierra de agua, ya que brota por todas partes, incluso por los caminos.

En nuestra estrella fluvial, hay cerca de 200 lagunas de las cuales nacen importantes fuentes hídricas, entre ellas cuatro importantes ríos, el Cauca, el Patía, el Caquetá y el Magdalena. Les cuento que estos ríos llevan agua por gran parte del territorio colombiano, con destinos muy diferentes: océano Atlántico, Pacífico y hasta el mismo río Amazonas y cinco naciones.

No sé ni cómo describir lo que se siente al transitar por el Parque Nacional Puracé y pasar de observar árboles grandes y majestuosos a los espectaculares y únicos Frailejones. En algunos estudios se ha encontrado que esta magnífica planta puede crecer alrededor de un centímetro por año y encontramos que algunos tienen cerca de tres metros, ¿imagínense cuantos años de historia y de agua nos han aportado?

Ahora, llegar a 3.600 metros sobre el nivel del mar y encontrar la Laguna de la Magdalena, donde nace el rio que lleva su nombre, es algo que lo marca a uno para toda la vida. Tiene alrededor de siete kilómetros de espejo de agua rodeado de frailejones que actúan como capturadores de humedad, convirtiéndola en gotas de agua, las cuales se incorporan al suelo y se convierten en los ríos que les acabo de mencionar. ¿Se imaginan?, gota a gota.

Yo sé que conocemos las consecuencias de la deforestación, quemas y malas prácticas agrícolas que se hacen, de contaminar nuestras fuentes hídricas, pero con esta historia les quiero mostrar el por qué cada día debemos tomar conciencia de cuidar lo que tenemos, o mejor dicho, de cuidar lo que nos queda, sumado una efectiva legislación que proteja nuestros recursos naturales.

Los invito a que conozcan y visiten el macizo colombiano, tierra de agua y biodiversidad y a que tomemos conciencia que su cuidado nos corresponde a todos, pues todos de una u otra manera, tenemos que ver con él. Y a las familias cafeteras que nuestro compromiso de producir el mejor café del mundo, sea cada vez con mayor calidad sostenible, igual para todos los productores agropecuarios del país.

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