Agro

La caficultura pierde impulso tras la bonanza y enfrenta un escenario de mayor presión

Según Corficolombiana, los principales indicadores muestran que la bonanza perdió fuerza. En lo corrido del año hasta julio, la producción cafetera acumula una caída de 12,5%
David Quintero Moreno
21 de agosto de 2026
Producción cafetera
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Durante los últimos años, el café se consolidó como uno de los principales motores de la economía colombiana. Según un informe de Corficolombiana, la producción alcanzó 14,87 millones de sacos en el año cafetero 2024-2025, el registro más alto en 33 años, mientras que el buen comportamiento de los precios internacionales llevó el valor de la cosecha de 2025 a $24,4 billones, un aumento de 52% frente al año anterior. Este desempeño también convirtió a la actividad cafetera en un soporte relevante para el consumo de los hogares y para la economía de numerosas regiones del país.

Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar. Después de varios años marcados por altos niveles de producción y mayores ingresos para los productores, la caficultura enfrenta ahora una combinación de menores cosechas, correcciones en los precios, mayores costos de producción y condiciones climáticas menos favorables. La desaceleración llega, además, en un momento especialmente sensible para varias zonas cafeteras que todavía enfrentan los efectos del reciente sismo registrado en el occidente del país.

Producción e ingresos comienzan a retroceder

Los principales indicadores muestran que la bonanza perdió fuerza. En el informe de Corficolombiana, se señaló que en lo corrido del año hasta julio, la producción cafetera acumula una caída de 12,5%, mientras que el valor real estimado de la cosecha registra una reducción cercana a 35%.

A esto se suma una disminución en los ingresos recibidos por los productores. En comparación con el periodo anterior, los caficultores están obteniendo cerca de $700.000 menos por cada carga comercializada, mientras que el valor de las exportaciones también mostró señales de debilitamiento, con una caída de 9,7% en junio.

El cambio marca una diferencia frente al comportamiento que había registrado el sector durante la última bonanza. El aumento de la producción y los precios internacionales permitió elevar de manera significativa los ingresos de la caficultura, pero ese impulso también dejó en evidencia qué tan expuesta está la actividad a factores que no controla directamente.

El clima y los costos presionan al sector

Los factores que favorecieron al café durante la etapa de expansión ahora comenzaron a jugar en contra. El exceso de lluvias ha afectado el comportamiento de los cultivos, mientras que el incremento de 41% en el precio de la urea elevó los costos de producción para los caficultores.

Al mismo tiempo, la corrección de los precios internacionales del grano redujo parte de los ingresos que habían recibido los productores durante la etapa de mayor valorización. A ello se sumó la apreciación del peso colombiano, que resta capacidad de compra en moneda local a los ingresos obtenidos por las ventas externas.

Esta combinación vuelve a poner sobre la mesa uno de los principales desafíos de la caficultura colombiana: su alta exposición a variables externas. La producción depende de las condiciones climáticas, mientras que una parte importante de la rentabilidad está atada al comportamiento de los mercados internacionales y de la tasa de cambio.

El panorama podría ser aún más retador en los próximos meses. La probabilidad superior a 90% de que se presente un fenómeno de El Niño muy fuerte durante el último trimestre de 2026 mantiene la incertidumbre sobre el desempeño de la cosecha y obliga al sector a prepararse para nuevas alteraciones en las condiciones climáticas.

Un sector que trasciende al productor

La relevancia del café va mucho más allá de las cifras de producción y exportaciones. Según Corficolombiana, la actividad representa cerca de 13% del PIB agropecuario, constituye el cuarto producto de exportación de Colombia y genera ingresos fundamentales para alrededor de 550.000 familias distribuidas en más de 600 municipios.

Por eso, una menor dinámica del sector tiene efectos que se extienden a otras actividades. Cuando caen los ingresos de los caficultores, también pueden verse afectados el comercio local, los servicios, el empleo y el movimiento económico de los municipios que dependen en buena medida de esta actividad.

El impacto cobra especial importancia en el Eje Cafetero, una de las regiones afectadas por el reciente sismo, donde alrededor de 57.000 familias dependen directamente del café. En estos territorios, cualquier reducción en los ingresos de la actividad puede aumentar las dificultades para la recuperación económica y productiva después del desastre.

La coyuntura, por tanto, no solo supone un desafío para quienes cultivan y comercializan el grano, sino también para las economías regionales que se han construido alrededor de la caficultura.

La próxima bonanza no resolverá los problemas estructurales

El comportamiento reciente también deja una advertencia: una nueva recuperación de los precios internacionales podría mejorar temporalmente los ingresos, pero no resolvería las debilidades estructurales del sector.

Mientras la competitividad de la caficultura dependa en gran medida de la evolución del clima y de los precios internacionales, los productores seguirán expuestos a ciclos de bonanza y desaceleración. Por eso, el reto consiste en aprovechar los periodos favorables para fortalecer las capacidades que permitan resistir los momentos de menor rentabilidad.

En ese escenario, mecanismos como el Fondo de Estabilización de Precios del Café pueden desempeñar un papel importante para reducir la volatilidad de los ingresos. A la par, el sector necesita avanzar en productividad, adaptación climática, eficiencia de costos y generación de mayor valor agregado.

La apuesta, en últimas, pasa por construir una caficultura menos vulnerable a los choques externos y con mayores herramientas para sostener su crecimiento. La reciente bonanza demostró hasta dónde puede llegar el sector cuando las condiciones internacionales y productivas juegan a favor; la actual desaceleración muestra cuánto queda por hacer para que esa fortaleza no dependa exclusivamente de que los vientos del mercado sigan soplando a favor.

El entorno económico mantiene señales mixtas

El desempeño de la caficultura ocurre en medio de un entorno económico con resultados dispares. Según Corficolombiana, en Estados Unidos, la inflación anual se ubicó en 3,4% en julio, mientras el mercado espera señales sobre la evolución de las tasas y sus efectos sobre las condiciones financieras internacionales.

En Colombia, el dólar cerró la semana pasada en $3.133, en un contexto de relativa estabilidad del mercado cambiario. Mientras tanto, los TES a tasa fija registraron valorizaciones cercanas a siete puntos básicos, con un mejor comportamiento en los segmentos corto y medio de la curva.

En la economía local también persisten señales de actividad. De acuerdo con Corficolombiana La producción real de la industria manufacturera creció 4,1% anual en junio y las ventas reales del comercio minorista aumentaron 14,7%. No obstante, la confianza del consumidor se ubicó en 20,7% en julio, 3,6 puntos porcentuales por debajo de junio, debido principalmente al deterioro de la percepción sobre las condiciones económicas.

Para la caficultura, este contexto refuerza la necesidad de consolidar fuentes de productividad y rentabilidad que permitan reducir la dependencia de los ciclos externos. El sector ya demostró su capacidad para impulsar el consumo y el crecimiento regional durante la bonanza; ahora enfrenta el reto de convertir esa capacidad en una fortaleza más permanente.

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