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Hay comunidades indígenas en La Guajira que desde los años 90 han visto en el algodón una oportunidad de negocio, incluso al igual que el que ofrece la sal, muchos pequeños productores lo sintieron como un alivio al abandono estatal en esa región. Pero detrás de este sector ya se siente una crisis que ha pasado desapercibida, a tal punto que varios de quienes veían ingresos, ahora están en otros temas como el contrabando de gasolina en la frontera.

Y no es solo un tema de las personas independientes que tienen sus cultivos, también hasta de los grandes productores. De hecho, desde el gremio, Conalgodón, que cumple 40 años, se dice que más que celebración hay una serie de preocupaciones sobre el sector, debido al panorama actual.

Al revisar las cifras, 2019 cerró con una producción nacional de casi 17.000 toneladas, mientras que el consumo aparente fue de 31.741 toneladas (sumando 14.843 toneladas que se importaron). El problema se ve en que el estimado para este año es que esa producción caería a 8.000 toneladas, es decir -50,5%.

Adicional a ello, el área sembrada el año pasado fue de 18.327 hectáreas según el gremio, eso muestra una caída de casi 42% desde 2015 cuando estaba en 31.464 hectáreas. Y nuevamente con las cifras estimadas, 2020 debería terminar en 8.617 (una baja anual de 53%).

¿Pero cómo se llegó a este punto? Menos hectáreas sembradas, y por ende, menos producción tienen una justificación que claramente incluye todo el peso del covid-19 y otros problemas que vienen de tiempo atrás.

En primer lugar, el presidente de Conalgodón, César Pardo Villalba, recordó que “la guerra comercial entre Estados Unidos y China llevó a que los estadounidenses acumularan fuertes cantidades de algodón, y el asiático es el principal comprador del mundo. Eso se evidenció en unos costos por libra en la Bolsa de Nueva York de US$0,7. Bajaron fuertemente”.

LOS CONTRASTES

  • César PardoPresidente de Conalgodón

Y hasta ahí hay un primer punto, más algodón en el mercado mundial llevó a que los productores tuvieran que guardarlo desde 2019 hasta 2020. Pero el problema no paró ahí. Llegó la pandemia, y con ella, la caída más grande de la historia en el consumo de ropa a nivel mundial. Las grandes casas de moda y la industria del ‘fast fashion’ tuvo que estancar sus colecciones y eso generó menos demanda de algodón, en el globo y en Colombia.

Es decir, por un lado, la guerra comercial obligó a acumular inventarios; y por el otro, la cosecha del primer semestre ya no se podía interrumpir. “Entonces los productores tuvieron que decidir en menor siembra, pasó lo mismo que el café, producir era muy costoso y vender tenía que ser a pérdidas”, agregó Mateo López, gerente de Inducot; haciendo referencia a que los costos de producción son cercanos a $5 millones por tonelada, con un margen de ganancia entre 1% y 3%.

Existe un problema con los insumos
Además de la coyuntura internacional, el cultivo de algodón, según el gremio, tiene otro problema adicional, y es que está centralizada la producción de la semilla. “Eso genera unos costos altos para los productores y es un tema de una única opción pues no hay proveedores suficientes, por eso estamos esperando que el ICA, con Agrosavia, pongan en distribución una nueva semilla que ya ha tenido algunas pruebas y sería a la mitad del precio de otras que hoy están en el mercado”, agregó Pardo Villalba. Por eso mismo, Acosemillas estima que 30% de las semillas de algodón son piratas.

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