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Así como Colombia tiene productos que lo distinguen en el mundo, como el café, las esmeraldas o la palma de cera; un ejemplar se ha convertido en el mejor embajador en los mercados equinos del exterior: el caballo de paso fino colombiano.

El paso fino es el andar que a la vista causa mayor impacto, porque es el caballo que da el mayor número de batidas (golpes al piso en un espacio reducido y se desplaza por laterales), lo que causa una mayor impresión y espectáculo. Debido a esa espectacularidad y a que es más puro en sus cruces (es una raza que en su ascendencia genealógica tiene mayor cantidad de pureza), es un animal muy codiciado, con ancestros españoles.

Esta suma de virtudes hace que sea el caballo que más se comercializa en el exterior en las últimas tres décadas. En ese mercado, el país que más importa este tipo de ejemplares es Estados Unidos, seguido por algunas islas del Caribe (Puerto Rico, Curazao y República Dominicana). Además, se exporta a Ecuador, Brasil y Venezuela.

LOS CONTRASTES

  • Lucas Londoño Director Administrativo de Asdesilla

    “El paso fino colombiano se considera que es el más suave a la silla del mundo. Cuando se monta, es el que menos se siente en su andar”.

  • Patricia Vásquez Propietaria del criadero Villa del Suroeste

    “A partir de 2006 se empezó a trabajar con embriones en Colombia, este era un trabajo muy fuerte en Estados Unidos y Puerto Rico”.

El reconocimiento internacional del paso fino colombiano se dio, inicialmente, en EE.UU. en los años 60 con ejemplares que llevaron propietarios bogotanos a exposiciones en Texas.

“Estos caballos causaron mucho impacto en ese momento en el mercado norteamericano, porque eran muy diferentes a los ejemplares cuarto de milla. Eran de mucha suavidad y podían ser montados por todo tipo de personas. Después, en los setenta, se dieron las primeras exportaciones a la República Dominicana y Puerto Rico, esa fue la primera avanzada grande”, dijo Gabriel Jaime Toro, genetista equino y propietario del criadero Potrero Chico.

Para la década de los 80 se dio la explosión del caballo de paso fino colombiano en el exterior. Hubo un ejemplar llamado Capuchino del Ocho, hijo de Resorte Cuarto, que fue catalogado como el ejemplar más pulido en su paso en el mercado norteamericano. Fue tal la sensación que se hizo famoso y miles de criadores querían tener descendencia de él. Ya en los 90, se globalizó el mercado del caballo de paso fino colombiano y en el nuevo siglo Ecuador y Panamá han tomado una importancia relevante. La venta de vientres, embriones y semen se popularizó y muchos ejemplares locales son llevados a temporadas en diferentes países.

Desde 1997 se realiza un proceso de genotipización, en un banco genético en California (EE.UU.), en el que reposa toda la información genética de los ejemplares. Con este registro se comprueba su parentesco y por eso es una de las razas con la trazabilidad más confiable.

Los exponentes más emblemáticos en los últimos 20 años del caballo de paso fino colombiano son, entre otros, La Pecadora de Yerbabuena, Silindia de Buenos Aires, Encantadora de San Pablo, La Caleña de El Rincón, Tormento de La Virgina, Antagónica de Villa del Suoreste, Mito del Líbano VO, Barbaroja de La Thania, Médico D’ Galeno y Picasso de la Ilusión.

El Congreso lo declaró Patrimonio Genético Cultural y Raza Autóctona y Transfronteriza mediante la Ley 1842 de 2017 con el fin de exaltar su existencia, salvaguardar su genética y protegerla como raza desarrollada en Colombia por colombianos. “Este reconocimiento es muy importante porque es una raza hecha por colombianos para el mundo. Le da un sello de calidad de cara al exterior y hace que sea muy apetecido afuera”, expresó Héctor Vergara, director ejecutivo de Fedequinas.

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