Agricultura

Santander abre la temporada de hormigas culonas, un negocio que revive cada año

Se trata de una actividad estacional que ocurre principalmente entre abril y mayo, cuando las lluvias favorecen la salida de las hormigas desde sus hormigueros
Valentina Sánchez Forero
19 de abril de 2026
Santander abre la temporada de hormigas culonas, un negocio que revive cada año
Baricharatravel

En los caminos rurales de Santander, vuelve a activarse una de las tradiciones más singulares del país. Campesinos de municipios como Villanueva, Barichara, San Gil, Socorro, El Páramo y Curití iniciaron este fin de semana la primera recolección del año de la conocida hormiga culona, un producto que, más allá de su sabor, representa una fuente clave de ingresos y un símbolo cultural arraigado en la región.

El insecto, identificado científicamente como Atta laevigata, alcanza precios de hasta US$80.000 por libra, reflejando no solo su alta demanda sino también el esfuerzo que implica su obtención. Se trata de una actividad estacional que ocurre principalmente entre abril y mayo, cuando las lluvias favorecen la salida de las hormigas desde sus hormigueros. Durante estas semanas, familias enteras participan en la recolección y comercialización, dinamizando la economía local.

La jornada comienza antes del amanecer. En zonas rurales de San Gil, Curití y Barichara, los recolectores se dirigen a los hormigueros con la esperanza de encontrar el momento exacto en que las hormigas emergen. A veces, la espera se prolonga hasta que el sol calienta la tierra y activa su salida. Es un trabajo que exige paciencia, experiencia y conocimiento del entorno.

Una vez recolectadas, las hormigas pasan por un proceso artesanal que ha sido transmitido de generación en generación. Primero se sumergen en agua, luego se les retiran alas y cabeza, y posteriormente se sazonan con sal antes de ser tostadas o fritas en su propia grasa. El resultado es un producto crocante, que se vende en calles, plazas y tiendas de estos municipios.

Esta práctica no es reciente. Tiene raíces en la cultura del pueblo indígena Guanes, quienes ya recolectaban y cuidaban estas hormigas siglos atrás. Durante nueve meses, según registros históricos, protegían los hormigueros y, llegada la temporada de lluvias, realizaban la cosecha como parte de su sustento.

Hoy, la tradición se mantiene viva no solo en la cocina, sino también en la identidad santandereana. Festividades locales incluyen degustaciones, y en distintos puntos del departamento se han levantado esculturas en honor a este insecto, consolidándolo como un emblema regional. Iniciativas, como el festival de la “Hormiga Culona Real”, buscan además proteger esta práctica y evitar su desaparición.

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