Agricultura

Sobre el Paro Agrario

07 de junio de 2016

Tres años más tarde los medios de comunicación vuelven a titular “Paro Agrario en Colombia”, sin embargo este se diferencia al de los otros años anteriores: por primera vez el Gobierno reconoce que está cumpliendo con parte de los acuerdos.

Es la primera ocasión en que vemos que hay un acercamiento con las comunidades indígenas, con los campesinos y los afrodescendientes con los cuales llevamos más de 1.100 horas de reuniones para definir puntos primordiales de la protesta. Por fin se ve que de la primera propuesta de inversión de $250.000 millones, el gobierno invirtió  40%, y aunque todavía falta, ya se ven cambios efectivos.

El resultado de todo esto es que el Gobierno, con todo el proceso de paz y las conversaciones con los campesinos, aprendió que si realmente no hace una inversión social, no trabaja directamente con los campesinos en las zonas de conflicto, por ejemplo en el Catatumbo o el Putumayo, y no comienza a tener en cuenta a esta comunidad, especialmente no los vincula en programas de inversión y si no consigue que se les cumpla lo pactado en la anterior protesta, pues sencillamente se va a seguir igual. 

Pero esta actitud del Gobierno por lo menos hace ver una luz al final del túnel, muestra que estamos cumpliendo con aquellas promesas que se hicieron hace tres años, son notables los cambios, se acercan las posibles inversiones en el campo, ya hay más claridad sobre el futuro del sector rural. 

Se está viendo una política en inversión, es notoria la decisión de aumentar hectáreas a futuro, soplan vientos de paz, no sólo en La Habana, sino en el campo.

Llegó el momento de sentarnos también a negociar con los campesinos en lo que realmente va a ser el futuro del negocio agrario en Colombia. No solo con los grandes terratenientes, también es necesario dialogar con el campesino común, acercarse a él a través de un desarrollo sostenible, de un desarrollo con los pequeños agricultores, sólo así se comenzará a trabajar para lograr que el campo progrese y que sus habitantes tengan mejor calidad de vida. 

Este paro no el del todo reprochable. Quizá ha servido para que el Presidente reconozca la demora y retraso en el cumplimiento de los acuerdos pero para tranquilidad del sector agrario es evidente que se están tomando cartas en el asunto que seguramente servirán para dar por terminada la protesta y generar soluciones que incluyan un buen diálogo y construir la paz.

 Solo me preguntó: ¿Será que entonces este paro vale realmente la pena?, ¿Será que todo este esfuerzo de parar a los campesinos, de no producir, de bloquear calles, nos llevan a algo? O será mejor educar a nuestros campesinos y buscar cómo afrontar todos los problemas que tenemos en este momento en el país, cómo vamos a aprovechar las diferentes zonas con los indígenas, los campesinos, los afrodescendientes y cómo vamos a desarrollar una estrategia en la que todos pusiéramos de nuestra parte y  buscáramos mecanismos para apoyar y generar un valor agregado a las producciones.

Con esto, es necesario que nos preguntemos qué es lo que realmente vale la pena. Acaso no es más productivo tener más campesinos educados en temas técnicos y tecnológicos, a que estén bloqueando carreteras; acaso no se está perdiendo la productividad del sector y al mismo tiempo las oportunidades de progreso en el campo por dejar de trabajo.

Palabras más, palabras menos, la única ganancia que podría dejar estar paro agrario paradójicamente serían las pérdidas económicas. 

Boris Wullner
Director del programa de Ingeniería Agroindustrial Universidad de la Sabana

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