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Latinoamérica, al igual que todo el mundo, está siendo testigo de un alza en el precio de los agroinsumos que ha causado gran incertidumbre en el sector agropecuario. Este aumento se da como consecuencia de la pandemia, la crisis de logística internacional y los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania, dos de los más importantes jugadores en el comercio internacional de agroinsumos.

En Colombia, 62% de los fertilizantes y 68% de los herbicidas presentaron incrementos de precios durante mayo 2022. La urea, por ejemplo, ha subido más de 40% y el glifosato más de 90%, comparando precios de diciembre 2021 y mayo 2022. En México y Brasil la situación es más aguda. La preocupación aumenta al hacerse más evidente la dependencia a la importación de gran parte de los insumos para la agricultura y la producción de alimentos, ya que esto tiene efectos en los bolsillos de todos.

Además de costosos, insumos como los pesticidas tienen altos niveles de toxicidad y su uso inadecuado puede llevar a la contaminación de fauna, flora, acuíferos y la afectación de la salud humana. Son varios estudios y organizaciones internacionales que alertan sobre sus efectos negativos. A pesar de conocer las afectaciones y la prohibición de muchos de estos en otros países, su importación y uso es mayoritario en Latinoamérica frente a otras alternativas.

Este conjunto de situaciones crea un ambiente propicio para la transición a nuevos escenarios de sostenibilidad. La escasez y los altos precios de estas materias primas son la oportunidad para migrar estratégicamente a tecnologías que mitiguen efectos adversos a la naturaleza, la salud y estén en sintonía con las más recientes regulaciones internacionales.

Es el momento para avanzar hacia el agro productivo y sostenible que plantea la estrategia de bioeconomía para Colombia: agroecología, agrobiodiversidad e incluso producción agropecuaria 4.0 (inteligente, digital y de precisión). Uno de los primeros pasos es la promoción y utilización de los bioinsumos y en particular, el control biológico.

El control biológico es un método natural de control de plagas a partir de la acción instintiva de enemigos naturales como hongos, bacterias e insectos que actúan para suprimir las plagas, hacerlas menos abundantes o minimizar su efecto en los cultivos.

La producción y comercialización de bioinsumos y controladores biológicos es, en esencia, bioeconomía. Es una actividad económica, intensiva en investigación y desarrollo que privilegia los principios y procesos de la naturaleza, minimizando la dependencia a los insumos fósiles (agroquímicos) y los impactos nocivos en la salud humana; también, promueve el comercio con bioproductos de alto valor que generan ingresos y empleo a los colombianos.

Identificar el papel de estos microrganismos en el ecosistema y su función como depredador de plagas y enfermedades de los cultivos agrícolas requiere de investigación aplicada, años de observación, prueba y error. Como se trata de organismos vivos, las pruebas y su implementación deben ser controladas y seguir un riguroso plan de monitoreo.