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La gestión de enfermedades y plagas es una de las principales tareas y misiones diarias para los agricultores y que para su correcta efectividad requiere de técnicas y prácticas que, de manera combinada, mantienen los cultivos sanos en el mediano  y  largo plazo y aseguran productos de calidad con una rentabilidad que puede garantizar la sostenibilidad económica. 

De esta manera, algunas de las técnicas y prácticas que deben considerarse para tener los cultivos sanos en el tiempo pueden incluir abonos orgánicos, uso de las rotaciones y asociaciones de cultivos, pesticidas y minerales para el control biológico, así como tipos autóctonos que son más resistentes a los depredadores agrícolas. 

Sin embargo, “el manejo es muy diferente para cada tipo de producción, cultivo y  clima, por lo que no se puede dejar al azar el tratamiento de las plagas. No se usan las mismas técnicas y métodos en zonas secas y áridas como el Caribe que en la sabana o la altillanura”, expresó Miguel Posada, ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Colombia.

Es así que uno de los dilemas más grandes que debe asumir cada productor es seleccionar el método de control más eficaz y propicio entre las alternativas químicas y las biológicas que se emplean de manera muy diferente, con efectos e impactos ecológicos igual de diversos y cambiantes a largo plazo. 

Por un lado, “los pesticidas suelen ser la primera alternativa que generalmente se viene a la cabeza de un agricultor. Sin embargo, requiere de un cuidado y seguimiento específico por las sustancias tóxicas que pueden causar otro tipo de efectos y ser todavía más dañinos para la sostenibilidad de los cultivos a futuro”, precisó Margarita Saldarriaga, ingeniera agropecuaria y experta en suelos del Politécnico Jaime Isaza Cadavid. 

Su costo en promedio muy bajo y su rápida efectividad son uno de los principales atributos que encuentran los agricultores en este método.

Otros productores, por su parte, “prefieren instalar el control biológico con otros insectos o microorganismos que pueden producir resultados efectivos a largo plazo con un impacto ecológico menor que si se usaran químicos. Pero no es siempre la mejor alternativa, ya que si por una u otra opción no se controla la plaga en su totalidad con un depredador, esta puede extenderse y requerir químicos de manera obligatoria, causando un efecto contraproducente”, explicó la experta en suelos. 

Es así que para su éxito, “debe tenerse en cuenta un plan integral, analizar los riesgos, variables y consecuencias a largo plazo para cada tipo de cultivo en específico”, agregó Posada. 

Cochinillas y larvas, entre las más comunes

Algunos de los depredadores que con más frecuencia se encuentran en los campos son insectos como las larvas, orugas, moscas blancas, cochinillas y nemátodos, entre otros, que consumen poco a poco los cultivos, dejando considerables pérdidas. Asimismo, las aves para producciones de cereales como el arroz son uno de los animales más perjudiciales que requieren de un manejo y control más específico. En zonas de café, resaltan la broca, la palomilla de las raíces y el minador de la hoja. A su vez, para el banano uno de los más dañinos es la Sigatoka Negra. 

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