Clima

Conozca el síndrome de la “mona difícil” que se ve en el ecosistema colombiano

El objetivo es optimizar la representación de cada ecosistema, que no solo se incluyan todos (completitud), sino que se haga en proporciones que aseguren una autorregulación ecológica
Por:
Daniella P. Rodríguez
15 de mayo de 2024
Ecosistemas colombianos
Ecosistemas colombianos

El Instituto Alexander von Humboldt en su recién informe sobre el estado de la biodiversidad en Colombia, hizo alusión a una antigua práctica tradicional con uno de los comportamientos del ecosistema actual. Hablan del síndrome de la “mona difícil”.

Muchos de los lectores empezaron el álbum de Jet de Historia Natural, pero pocos lo terminaron porque varias de sus láminas o “monas” tenían tirajes limitados. Esta escasez llevó a que algunas terminaran convertidas en “monas difíciles”, cuya adquisición no se lograba mediante la compra o el intercambio. En la conservación ‘in situ’ (en el sitio) de la biodiversidad en el país está pasando por algo parecido.

Las áreas protegidas son reconocidas como la estrategia más efectiva para la protección y el mantenimiento de los ecosistemas (las monas), que no se deben considerar como entidades aisladas, sino articularse como un sistema (el álbum) ecológicamente representativo y bien conectado con el paisaje circundante.

La evaluación histórica del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, Sinap, muestra un aumento reciente de la extensión del sistema y una creación exponencial de áreas protegidas, pero cada vez menos incorporaciones de nuevos ecosistemas.

De hecho, el diagnóstico para el Conpes 4050 de 2021 menciona que en el territorio continental, el Sinap, aún tiene omisiones en 16,8% de los tipos de ecosistemas, los cuales están distribuidos en algo más del 2,5% del territorio y corresponden a ecosistemas pequeños, irregulares, transformados, y por ende, más amenazados (las monas difíciles).

“El panorama anterior invita a pasar de la declaración de áreas amplias, alejadas de la influencia humana y con alta naturalidad hacia un paradigma innovador y disruptivo, basado en estrategias de conservación que permitan la restauración de ecosistemas originales y, con ello, su funcionalidad”, explican desde el Instituto.

El objetivo que plantean es que se debe optimizar la representación de cada ecosistema, de manera que no solo se incluyan todos (completitud), sino que esto se haga en proporciones significativas (representatividad) para asegurar una autorregulación ecológica tanto al interior de las áreas protegidas, como en los territorios circundantes.

Esto se traduce en la pérdida de la relación costo-beneficio de las más recientes áreas protegidas marinas y terrestres. Cada nueva hectárea representa menos ecosistemas.

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