La lana de oveja, un residuo históricamente subvalorado por la caída de la demanda de la industria textil, está siendo utilizado en el sector agrícola para la recuperación de suelos y fertilización de cultivos, especialmente en países con fuerte tradición ovina como Australia.
En este país, investigadores y productores han comenzado a utilizar la lana reciclada como cobertura del suelo para combatir problemas de degradación, pérdida de humedad y baja fertilidad en zonas por sequías prolongadas y uso intensivo de tierras.
La experiencia australiana surgió de un problema estructural debido a que cada año se generan cientos de miles de toneladas que no logran salida comercial. En lugar de desecharla, esta fibra natural se procesa y se aplica directamente sobre el suelo agrícola, donde actúa como un tipo de acolchado orgánico. Su principal ventaja es la retención de agua, puede absorber el doble de su peso en agua, lo que reduce la evaporación y ayuda a mantener la humedad del suelo por más tiempo, un factor clave en regiones áridas o semiáridas.
Además de conservar el agua, la lana mejora la estructura del suelo al generar mayor porosidad y favorecer la oxigenación lo que permite un incremento de la actividad microbiana de entre 30% y 50%. Ensayos de campo en Australia han mostrado que este manejo contribuye a la recuperación de suelos degradados y puede traducirse en aumentos de productividad de hasta 18% en algunos cultivos, al tiempo que disminuye la erosión y la compactación. Para los productores, el uso de lana representa una alternativa de bajo costo frente a otros insumos y una forma de valorizar un subproducto ganadero abundante.
Por otro lado, la lana de oveja también es utilizada como fertilizante orgánico gracias a su composición rica en queratina, una proteína con alto contenido de nitrógeno y otros componentes como potasio, azufre, fósforo y magnesio. Al descomponerse lentamente e integrarse al suelo, la lana comienza a liberar estos elementos de forma gradual, lo que la convierte en un fertilizante de liberación prolongada y reduce la necesidad de aplicaciones frecuentes.
En el continente suramericano, Chile ha avanzado en el desarrollo de soluciones utilizando la economía circular, transformando los residuos de lana en fertilizantes líquidos, pellets o compost. Estas alternativas facilitan su aplicación en sistemas productivos más amplios y permiten integrarla el cultivos extensivos como horticultura y fruticultura.
Así, la lana de oveja comienza a consolidarse como un insumo estratégico para la agricultura sostenible, siendo utilizada no solo para desafíos productivos y ambientales sino también, para recuperar suelos, reducir el consumo de agua y dar una segunda oportunidad a este residuo ganadero.
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