Agro

Cambio en uso del suelo y concentración de tierra reducen áreas de cultivo en el Valle

Un estudio de la Unal encontró que cerca de 250 hectáreas dejaron de cultivarse en Pradera, Valle del Cauca, donde la ganadería y turismo han ganado espacio en terrenos con vocación agrícola
David Quintero Moreno
09 de octubre de 2026
Colprensa

En Pradera, Valle del Cauca, cerca de 250 hectáreas de cultivos han dejado de sembrarse durante los últimos años. Así lo encontró una investigación de la Universidad Nacional de Colombia, Unal, que identificó cambios en el uso del suelo, concentración de la propiedad rural y dificultades para mantener las actividades productivas campesinas.

El estudio, realizado por Fabio Alexander Agudelo, doctor en Agroecología de la Unal Sede Palmira, señala que 43,3% del territorio de la Zona de Reserva Campesina, ZRC, de Pradera presenta un alto conflicto por el uso del suelo. Entre los factores identificados están la expansión de la ganadería, el turismo de naturaleza y la construcción de viviendas campestres en áreas con vocación agrícola.

La concentración de la tierra también representa un desafío para las familias campesinas. Según la investigación, el coeficiente de Gini de tierras se ubica entre 0,858 y 0,916, valores que reflejan una elevada desigualdad en la distribución de la propiedad. A esto se suma la fragmentación de los predios, que limita las posibilidades de desarrollar actividades productivas rentables para algunas familias.

El investigador identificó cuatro presiones sobre el territorio: la agroindustria y los monocultivos; la concentración y fragmentación de la propiedad; los cambios en el uso del suelo, y el conflicto armado, que ha afectado las relaciones entre las comunidades. La ZRC de Pradera comprende cerca de 8.545 hectáreas distribuidas en nueve corregimientos y fue constituida en 2024 para contribuir a la planificación territorial y al fortalecimiento de la economía campesina.

Diversidad agrícola y relevo generacional

Pese a estas transformaciones, las fincas estudiadas conservan una diversidad de cultivos y especies. La investigación caracterizó 16 predios campesinos, en los que se identificaron actividades agrícolas como la producción de café, plátano, banano, yuca, fríjol, hortalizas y frutas, además de ganadería de leche.

En una de las fincas se registraron más de 37 especies con usos alimentarios, medicinales y de protección del suelo. También se encontraron animales criollos, como el cerdo San Pedreño y variedades de gallinas, junto con prácticas agroecológicas orientadas a conservar los suelos y reducir la dependencia de insumos químicos.

Sin embargo, la continuidad de estas prácticas enfrenta dificultades económicas y sociales. La salida de jóvenes hacia otros territorios en busca de oportunidades limita el relevo generacional y la transmisión de conocimientos campesinos. El estudio también identificó un debilitamiento de las redes de trueque, las mingas y otras formas de trabajo colectivo.

La investigación advierte que la conservación de la actividad campesina no depende únicamente de mantener cultivos y especies, sino también de contar con condiciones que permitan a las comunidades permanecer en el territorio y aplicar los conocimientos acumulados durante generaciones.

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