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Colombia le ha apostado al uso, investigación e implementación de la biotecnología moderna a través de una normatividad sólida que permita el buen uso y aplicación de esta, y así aprovecharla como una herramienta de desarrollo, competitividad y sostenibilidad en la agricultura.

María Andrea Uscátegui, directora ejecutiva de Agro-Bio, considera que “el Gobierno, las instituciones regulatorias, científicas, la industria y los mismos agricultores, han reconocido el potencial y el valor que esta herramienta tecnológica y sostenible brinda al sector productivo trayendo beneficios como la protección de cultivos, mayor rendimiento y mejora en la calidad de vida de los productores”.

Las cifras demuestran que cada vez más los agricultores utilizan los cultivos genéticamente modificados, viéndolos como una herramienta para proteger sus cosechas y obtener un mejor rendimiento en su producción. En 2011, 19 departamentos de Colombia sembraron cultivos genéticamente modificados. En total, se sembraron 160 millones de hectáreas, entre algodón, maíz y claveles y rosas azules.

En el caso del cultivo maíz, se sembró un total de 59.239 hectáreas, y para algodón se sembró 49.334 hectáreas.

Potencial
De acuerdo con Agro-Bio, la segunda generación de cultivos transgénicos, que los agricultores alrededor del territorio nacional han adoptado, ha conseguido proteger los cultivos de plagas, malezas y enfermedades, y mayor resistencia al cambio climático, (sequía, excesos de humedad y heladas), que redunda en incrementos significativos del rendimiento y la producción.

Así mismo, ha impactado a los consumidores con productos con características de calidad nutricional como arroz con vitamina A, soya libre de grasas trans o enriquecida con Omega 3, etc; y para uso industrial con productos con características útiles como papa con mayor contenido de almidón para ser usado en la industria papelera o caña de azúcar con mayor contenido de azúcar para la producción de biocombustibles. En general, el campo de aplicación y las perspectivas a futuro son muy prometedoras.

Para Andrés Campo, cañicultor del Valle del Cauca, la adquisición de semillas transgénicas de caña de azúcar ha permitido mayores rendimientos en sus cultivos, y por ende mayor rentabilidad. “La adquisición de una nueva variedad de semilla desarrollada por Cenicaña ha permitido la producción de 158 toneladas por hectárea y rendimientos de 11% en azúcar”, dijo Campo.

Regulación
El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) es el que estudia, evalúa y determina la aprobación o no de organismos genéticamente modificados de uso agrícola. Las semillas genéticamente modificadas son sometidas a diferentes estudios de bioseguridad; pruebas de desempeño agronómico e incluso su aprobación se hace por subregiones.

Los resultados de esta evaluación y su análisis, que puede tomar entre 2 y 5 años, son el soporte técnico-científico para que la entidad encargada de aprobar o no una semilla de este tipo. Con el fin de garantizar niveles adecuados de seguridad en el uso agroindustrial de organismos vivos modificados, el gobierno nacional expidió en 2005 el Decreto 4525 por el cual se reglamenta la Ley 740 de 2002 y se establece el marco regulatorio de los Organismos Vivos Modificados (OVM).

Este decreto aplica al movimiento transfronterizo, el tránsito, la manipulación y la utilización de los OVM que puedan tener efectos adversos para el medio ambiente y la diversidad biológica, teniendo en cuenta los riesgos para la salud humana, la productividad y la producción agropecuaria.

De acuerdo con el Instituto Colombiano Agropecuario, la importación de transgénicos en Colombia depende de un estudio en donde se evalúa caso por caso y paso por paso para determinar que su uso es seguro tanto para la salud humana, animal, como para el medio ambiente.

Centros de investigación siguen los desarrollos
Colombia cuenta con varios centros de investigación donde se llevan a cabo desarrollos en biotecnología en productos agrícolas, tal es el caso de el Ciat, entidad que trabaja en desarrollo de semillas como yuca, arroz y pastos. La Corporación en Investigaciones Biológicas de Medellín avanza en el desarrollo de una papa genéticamente modificada resistente a la polilla guatemalteca y Cenicaña ha desarrollado cultivos de caña resistentes al síndrome de hojas amarillas, entre otras.

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