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El abuso de paros por parte de los productores puede traer consigo un efecto dañino para los jugadores del sector agropecuario. Hay un mensaje de fervor político con los actuales paros campesinos, precisamente porque estamos en plena época electoral, que más que lograr cambios importantes está desvirtuando la moraleja que dejó la ‘revolución de las ruanas’ el pasado agosto, cuando los campesinos se dieron cuenta que podían incidir en la agenda pública y recibieron de los colombianos una clara respuesta de solidaridad.

Los costos del transporte, el alto precio de los insumos y el recrudecimiento del contrabando no son asuntos que se solucionan con una chequera del Gobierno apalancada por los contribuyentes. Los campesinos, los productores grandes, medianos y pequeños deben volcarse hacia el consenso y pasar de los paros a los diálogos que construyan una verdadera hoja de ruta para el sector rural.

El eslabón agropecuario debe ser visto como un importante jalonador de la economía; de hecho lo es, en 2013 el agro se metió de segundo en el ranking de los sectores que impulsaron el crecimiento económico del país con una expansión de 5,2%.

Lo más importante es que este crecimiento se traduzca en desarrollo para el campo y para ello, reitero, se necesitan más bienes públicos que subsidios.

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