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Si al empezar cualquier tipo de cultivo, el agricultor sabe si su terreno cuenta con niveles nutricionales básicos como el PH, nitrógeno, materia orgánica, calcio, magnesio, potasio y textura, no sólo podrá ajustar su plan de fertilización sino que podrá optimizar la calidad de la producción.

Este conocimiento sólo se lo dará una herramienta clave antes de empezar cualquier empresa agrícola, y es el análisis de suelos, como lo señala la ingeniera agrónoma Liliana Álvarez, directora de Unisarc, “dependiendo de los resultados de ese análisis, será más fácil enfrentarse a cualquier dificultad del cultivo, porque los resultados mostrarán las deficiencias fisicoquímicas y así podrá realizar un plan de fertilización ajustada”.

Este análisis de suelos debe hacerse mínimo cada dos años, con lo cual se establece un control y seguimiento al terreno, ya sea que los cultivos sean perennes como el café, los cítricos, el mango, entre otros, o transitorios como el maíz, la yuca y el arroz. “Cabe destacar que cada cultivo tiene deficiencias nutricionales distintas, y los resultados dependerán del manejo agronómico que se haga antes y durante el proceso del siembra, por eso es importante conocer las condiciones del terreno”, agregó Álvarez.

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