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El lunes, la oficina meteorológica de Gran Bretaña registró el día de invierno más cálido en el Reino Unido. En Chile, las temperaturas en la capital, Santiago, superaron el récord anterior por un grado centígrado completo. A nivel global, los últimos 5 años fueron en conjunto los más cálidos del mundo en toda la historia. Toda.

El mundo está perdiendo la carrera por limitar las emisiones de dióxido de carbono. En 2017, la producción de gases que contribuyen al calentamiento global alcanzó un récord, así como el costo del aseguramiento contra las catástrofes naturales, que llegó a US$350.000 millones. A pesar de esto, un nuevo informe del Foro Económico Mundial, el grupo anfitrión del jolgorio de Davos, sugiere que existe una reserva de capital subutilizada y disponible para ayudar en la lucha contra el cambio climático: los fondos soberanos de inversión.

De acuerdo con Sovereign Wealth Fund Institute, más de 70 fondos nacionales controlan aproximadamente US$8 billones en activos, y la mayor parte del dinero es generado por ingresos del petróleo y el gas. Islandia es la última nación que ha intentado establecer un fondo para los días difíciles; planea apartar US$2.500 millones.

No obstante, datos compilados por ONU Medio Ambiente en diciembre estiman que en los últimos tres años, los fondos soberanos de inversión han invertido un total de apenas US$11.000 millones en compañías de energías renovables, proyectos de energía verdes y deuda orientada al clima, lo que constituye menos de 0,2 por ciento de sus activos totales. Es patético.

A nivel global, la inversión en energías limpias ha superado los US$300.000 millones anuales durante los últimos cinco años, de acuerdo con cifras compiladas por Bloomberg New Energy Finance. En Europa, la inversión en tecnologías como energía eólica o proyectos solares incrementó 27 por ciento el año pasado, a más de US$74.000 millones.

A medida que el mundo se aleja de los combustibles fósiles, muchos de los países que han echado mano a sus recursos naturales para establecer fondos soberanos se arriesgan a quedarse con reservas de petróleo y gas para las que está disminuyendo la demanda. El Foro Económico Mundial argumenta que existe “un riesgo estructural por la inacción, es decir, que una revolución energética global podría dejar a los países aislados y sin los ingresos por los recursos necesarios para diversificarse más adelante”.

El estudio de la ONU sugiere que los fondos soberanos se han cohibido de desarrollar portafolios más verdes por una reticencia a abandonar los ingresos de las industrias del petróleo y el gas. El fondo soberano de inversión de Noruega –por US$1 billón–, el más grande del mundo, ha encontrado resistencia desde que propuso deshacerse de todas sus acciones en petróleo y gas en 2017, bajo el argumento de que el país ya era vulnerable a la volatilidad en los precios del petróleo como el principal exportador de crudo de Europa occidental. Un informe publicado en enero recomendaba que el fondo noruego asignara por lo menos 5 por ciento de su dinero a proyectos de infraestructura de energías renovables, dado que estas inversiones ofrecen un potencial de crecimiento a largo plazo, una baja correlación con otros tipos de activos y la posibilidad de retornos ajustados a los cambios en el riesgo.

En una línea similar, el estudio del Foro Económico Mundial argumenta que los fondos soberanos están en una mejor posición que otros inversionistas potenciales para financiar proyectos de energías verdes. “Están mejor equipados para aprovechar las estrategias de inversión ambientales, sociales y de gobierno que sus contrapartes privadas, ya que pueden darse el lujo de esperar a ver los beneficios sociales y financieros de ese enfoque”. También pueden aprovechar los horizontes temporales más extensos que los de los inversionistas privados, señala el informe.

No obstante, se arriesgan a llegar tarde a la fiesta. En noviembre, el presidente de Carlyle Group, David Rubenstain, dijo a una conferencia en Ámsterdam que entre más inversiones se hagan para enfrentar el calentamiento global, los retornos disponibles se impulsarán respectivamente. En todo el mundo, las cantidades asignadas por las firmas de capital de riesgo y privadas a los proyectos de energías limpias subió 127 por ciento, hasta US$9.200 millones, calcula BNEF.

Aunque puede ser políticamente difícil para algunos países terminar su dependencia económica de los combustibles fósiles, el egoísmo ilustrado sugiere que los fondos soberanos de inversión deberían hacer más por apoyar las energías renovables. Esperemos que lo hagan, por el bien de todos.

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