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La vida no era tan cara desde hace 23 años. Luego de que el Dane revelara la inflación anual para septiembre en 11,44%, nuevamente se conoció que los alimentos y bebidas no alcohólicas son el segmento que jalonan el IPC y la canasta familiar adquiere un peso mayor sobre el bolsillo de los consumidores.

Aunque existen pocas soluciones que en el corto plazo pueden ayudar a mermar el impacto de la inflación en los alimentos, muchas personas, desde que inició la pandemia, empezaron a sembrar huertas en sus propiedades ante un posible problema de desabastecimiento, un panorama que parecía cercano en aquel entonces.

Este capítulo parece ser superado y, aunque se le dio vuelta a la página del coronavirus, tener cultivos caseros podría ayudarle a ahorrarse unos pesos al momento de mercar.

Agronegocios le explica qué debe tener en cuenta para sembrar una huerta casera y las condiciones idóneas para obtener una óptima cosecha.

La primera condición imprescindible para empezar a tener huertas caseras es la ubicación en la que se pretende sembrar. La cantidad de luz que ingrese es fundamental y de esa variable dependerá, en gran parte, lo que se coseche.

Los lugares más propicios son los balcones, patios y/o terrazas, espacios en los que la luz solar entra de manera directa en las huertas, aunque si pretende tener cultivos dentro de la vivienda la única opción posible es a través de sistemas hidropónicos.

Estos sistemas hidropónicos prescinden de la tierra y utilizan sistemas en los que las raíces de la planta quedan en suspensión mediante el uso de diferentes tipos de soportes en soluciones oxigenadas o agua.

“Hay unos elementos básicos que se deben tener en cuenta para tener vida vegetal en los espacios urbanos, y un poco tiene que ver con las condiciones de luz y de humedad y, de acuerdo a eso, se debe tener en cuenta el tipo de especies que queremos tener ahí: si son ornamentales, aromáticas, si son legumbres, etc. y varía de acuerdo a las condiciones del espacio en el que vayamos a disponer nuestra huerta”, explicó Sandra Castañeda, acompañante proyecto agricultura urbana de la Fundación PT.

Las hortalizas requieren como mínimo seis horas de sol al día, pero dependiendo del cultivo se requerirá mayor cantidad de luz solar para optimizar la cosecha.

Algunos cultivos que requieren luz solar plena son el ajo, brócoli, calabacín, cebolla, perejil, tomate, fresa, pepino, alcachofa, entre otras. Hay siembras que requieren sombra parcial como la cebolla puerro, la berenjena y el haba. Pero también existen algunas que tienen mayor resistencia a la sombra como le pasa a la acelga, rábano, espinaca, apio, lechuga o coliflor.

Otro factor clave radica en la escogencia del recipiente donde irá el cultivo y, aunque existen diferentes alternativas, lo más importante es el sustrato que se adecúe a sus necesidades. La tierra requiere de nutrientes, fertilidad, acceso del oxígeno a las raíces, y la retención suficiente de humedad.

“Todos los residuos que nosotros desechamos a la basura y que sean orgánicos le brindan y le aportan nutrientes a los sustratos para que se pueda sembrar, es importante el tema de la constancia de riego que varía acorde a la especie y condiciones del espacio, si tiene sol directo el sustrato se seca más rápido y la humedad no se mantiene, pero si es un espacio cerrado que mantiene tiempo en la humedad, el riego es un poco menor, también depende de la planta, y se sabe la cantidad de agua que se debe exponer”, agregó.

La experta también explicó que se pueden hacer licuados de lentejas para que las plantas empiecen a crecer fuertes o usar sábila, residuos de café, entre otros. “Todas esas cosas que se tienen en la cocina pueden ayudar a crear un espacio y garantizar que crezcan bien”.

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