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Las lluvias no darán tregua entre noviembre y enero, según pronosticó el Ideam, una mala señal para los productores, que ven difícil encontrar bondades para sus cultivos en estas condiciones climáticas tan extremas.
Incluso, las lluvias superarán hasta en 40 % los valores históricos en la región Caribe, en concreto en Atlántico, Magdalena, centro occidente de Cesar, centro norte de Bolívar y sectores de Sucre.

De acuerdo con el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, si bien la mayoría de los cultivos que se establecen en Colombia se ven favorecidos por las épocas de lluvias, sobre todo los secanos, que son los cereales como el arroz, maíz, y avena; pero no en las hortalizas como la acelga, pepino, espinaca, lechuga; tubérculos como la papa o yuca; y frutales como el melón, naranjas, mango, lanzas y otros más.

“Este puede afectar los procesos productivos y causar inundaciones, aumentar la incidencia de enfermedades, disminuir la productividad de los cultivos y, adicionalmente, causar inconvenientes en la comercialización por el impacto en las vías. Por lo anterior, las condiciones actuales de precipitaciones (alta frecuencia) no tiene efectos positivos sobre ningún cultivo”, dijo la entidad.

Para Guillermo Vásquez Velásquez, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional sede Medellín, es difícil encontrar bondades o ventajas ante tal volumen de precipitaciones, el cual, al leer los informes del Ideam, se prevé que se extenderá hasta el periodo de enero a marzo de 2023, con una alta probabilidad de que haya una transición a condiciones climáticas más neutrales a partir de febrero.

“La situación es difícil. En general, los cultivos se establecen en condiciones climáticas de temperatura, de humedad relativa y de precipitaciones en un rango relativamente estrecho, pero cuando las condiciones en las que se establece exceden esos rangos, los cultivos ya no tienen la misma productividad”, dijo.

Tal vez la única ventaja que percibe el decano la obtienen aquellos lugares en los que los cultivos son subsidiados con riego, en especial en zonas secas o áridas, en las cuales el exceso de lluvia evita la necesidad de regar, lo que genera ahorros de energía y de agua.

Para Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC, es evidente que las lluvias son necesarias y benéficas para los cultivos en función de las etapas en las que este se encuentre, el problema es la intensidad con la cual estás se están precipitando sobre los suelos.

“El exceso produce inundaciones que acaban con cualquier cultivo; daños en la floración y enfermedades o la pérdida misma de la producción. Estas lluvias tan intensas son más perjudiciales, incluso si se piensa en los daños que se generan en las vías terciarias”, explicó el dirigente gremial.

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