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El presidente Juan Manuel Santos fijó  el sector agropecuario como una de las locomotoras que iban a darle aliento a la economía.  Con las conversaciones entre Gobierno y Farc en La Habana, el renglón tomó un especial sentido y ahora es uno de los bastiones en el proceso de posconflicto, que se espera se dé una vez se firme un acuerdo definitivo de paz. Sin embargo, llegaron las contradicciones. El Gobierno ha venido recortando el presupuesto del Ministerio de Agricultura y para 2017 tendrá un ‘tijeretazo’ superior a 33%, que se verá reflejado en menos inversión.

La academia especializada en carreras agropecuarias tiene su papel en el posconflicto, pero también sus problemas. La rectora de la Universidad de Santa Rosa de Cabal (Unisarc), ubicada en este municipio risaraldense y dedicada a formar en este sector, Elizabeth Villamil, no solo ve grave el recorte, sino que también afirma que para llevar con éxito un proceso complejo como el posconflicto, se debe volver a mirar los territorios y sus riquezas, situación que, en su concepto, hoy no se da.  Agronegocios habló con Villamil sobre el papel de la academia en el posconflicto, de lo que les hace falta para tener más impacto en el campo y de la necesidad de pensar en una nueva ruralidad en el país. 

¿La academia se está preparando para el posconflicto?
Tenemos un papel vital como actores del desarrollo económico y social en Colombia. No se puede pensar en ello si no existe el talento humano. Si bien  el agro se ha visto como el de la pobreza, la inequidad y mala educación, llegó el momento que realmente Colombia sienta que es un país rural por excelencia y que un buen porcentaje de sus territorios dependen de la relación con el campo. En ello, el sistema educativo tiene un gran papel en un proceso de posconflicto y para eso nos estamos preparando, mejorando la calidad y llegando a los territorios donde están los jóvenes. Sin embargo, nos hemos enfrentando a limitaciones para acceder a esos territorios rurales.

¿Cuáles son las limitaciones?
Tenemos registros calificados con los cuales hemos demostrado que tenemos conocimiento, experiencia, investigación, pedagogía. Cuando logramos un grupo, por ejemplo, de 20 jóvenes en un municipio que quieren carreras agropecuarias, nos encontramos con la limitación que mientras el Ministerio (Educación) nos da el aval para ampliar el registro, puede pasar un año. Cuando se abre, ya no están los muchachos, se fueron a otros entornos.  Entonces uno ve una cantidad de barreras, para hacer territorios incluyentes.

¿Y qué se puede hacer?
Una de la cosas importantes es hablar el mismo lenguaje, todas las instituciones. Para que los jóvenes se enamoren del campo y permanezcan en él, hay que mostrarles oportunidades y caminos porque lo que se ha dado es un éxodo del campesino a la ciudad. Por eso, hay que pensar en una nueva ruralidad desde la juventud y desde los territorios. La paz no se va a dar con un acuerdo. Hay que generar condiciones para que el campo se desarrolle.

¿Eso tiene que ver con que la demanda por carreras agropecuarias sea baja?
Menos de 2% de los estudiantes en Colombia están en carreras agropecuarias y es algo contradictorio si se tiene en cuenta que 95% de los municipios colombianos tiene menos de 100.000 habitantes, y en muchos de ellos su economía depende de la relación con el campo. Si se quiere superar el índice de pobrezas, hay que darle valor a los recursos y riquezas locales. Y aquí todas las instituciones: gobierno, academia, gremios pueden aportar. Los muchachos rurales, por ejemplo, no tienen el mismo entrenamiento de los urbanos en pruebas Saber. Por eso sus puntajes no son altos. Entonces, hay desigualdad que se presenta en una razón de no paz.

¿Qué opina del recorte presupuestal para el agro en 2017?
Si Colombia es un país rural, hay que invertir donde realmente está la oportunidad. Eso es la mínima lógica: cómo hacemos para fortalecer ese gran valor. Entonces, a uno no le cabe en la cabeza que donde está la fortaleza, menos se le apuesta.

La meta es ser la universidad del campo
Unisarc,  con 34 años, alberga a 1.700 estudiantes y 20 carreras, todas enfocadas en el sector agropecuario. La rectora, Elizabeth Villamil, señala que son pocos frente al reto del desarrollo del renglón. “Nuestra meta es ser la universidad del campo”. De los inscritos, 60% estudian en la sede y 40% están en los municipios.}

La opinión 

Jairo Gómez
Exprofesor de la Universidad Nacional

“El agro es el primer punto de la agenda con las Farc, hay varios programas en curso como Siembra, y si se recorta el presupuesto, ¿cómo los van a ejecutar?

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