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En 2011, según estimaciones de la secretaría técnica nacional de la cadena de hortalizas, rondaba las 2.200 hectáreas de cultivo, distribuidas a lo largo de la Costa Atlántica y parte del Valle del Cauca.

El ají es de gran importancia para Colombia por las grandes posibilidades de expansión en el mercado internacional, y por la alta demanda de mano de obra en su etapa de cultivo, donde genera hasta 670 jornales por hectárea.

En cuanto al área de producción, Colombia se ubica por debajo de México, que cuenta con 130.000 hectáreas, siendo el principal productor y exportador de pasta y salsa de ají de Latinoamérica; y Perú con 21.000 hectáreas de cultivo.

Para el año 2010 se estimó en 2.272 hectáreas el área de ají en Colombia, siendo el departamento del Magdalena, con 986 hectáreas, el principal productor nacional, seguido de los departamentos de Bolívar, Valle, Córdoba y La Guajira, con 377, 320, 211 y 186 hectáreas de cultivo, respectivamente.

Luis Gerardo Arias, representante de la cadena técnica de hortalizas, expresó que estos datos indican el buen camino por el que va actualmente esta actividad, que hoy posiciona a Colombia como un actor importante.

Según Arias, el nivel de la producción nacional está por debajo de los índices requeridos para poder competir en mercados especializados, sin embargo, se evidencian importantes avances que mejoran cada año estos niveles, lo que indica que en un futuro se podrá tener una mayor participación en el ámbito internacional.

Desventajas
Las principales limitantes de la cadena productiva del ají en Colombia están relacionadas con aspectos como los altos costos de producción, la tecnología deficiente, el manejo inapropiado de suelos y aguas y las deficiencias en prácticas de cosecha y poscosecha. Además, se suma la falta de capacitación a todos los eslabones de la cadena, y la insuficiente implementación de buenas prácticas agrícolas.

Como también la ausencia de asistencia técnica especializada y la falta de un sistema de información unificado. Otros problemas son la resistencia al cambio y la poca o insuficiente infraestructura exportadora, las cuales bajan la productividad y alta intermediación.

La problemática fitosanitaria o la falta de normas que no han permitido un buen proceso para que se de transferencia de tecnología y fortalecimiento empresarial.

Arias comentó que se espera generar una inversión con la nueva agenda de investigación, ciencia, tecnología e innovación para el producto, especialmente referida al mejoramiento genético, ecofisiología del cultivo, lo que permitirá la determinación de requerimientos hídricos.

Entre tanto, esto permitirá un mejor manejo agronómico, de innovación de productos para el mercado, trazabilidad y certificación, asistencia técnica y transferencia tecnológica, organización empresarial, tendencias de consumo, desarrollo de marcas, sistemas de información de mercados y articulación de política pública en general.

Todo ello enfocado en la búsqueda de alternativas de comercialización que impulsen aún más el producto, a través de procesos agroindustriales significativos, dado que no existe una plaga o enfermedad que afecte la producción nacional de ají, lo que facilita la transformación.

La diversificación como mercado dinámico
Los retos del ají se dan por el mercado dinámico que se enfrenta a través de la diversificación, con el desarrollo de proyectos y alianzas productivas en el marco de la organización de cadenas. También se moderniza la comercialización a partir de incentivos de compra anticipada de cosecha. Por su parte, se cuenta con la posibilidad de adopción tecnológica en el desarrollo productivo de viveros especializados para mejorar el material vegetal, en procesos agroindustriales, lo que lleva al fortalecimiento de programas de asistencia técnica rural y de los gremios.

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