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Al ser las fresas una de las frutas más contaminadas en el ranking de los alimentos en la agricultura convencional, cada vez más personas optan por encontrar en el mercado una opción más limpia y se inclinan por las que son producidas de manera orgánica.

Fue ahí que Daniela Valencia y David Jascue, dos jóvenes oriundos del corregimiento de Tacueyó, en el municipio de Toribio, zona norte del departamento del Cauca, encontraron una alternativa de negocio que les permite no solo conseguir ingresos, sino también sustituir los cultivos ilícitos que predominan en la zona.

Desde hace cinco años se dieron a la tarea de investigar qué se necesitaba y cómo era producir fresas 100% orgánicas. Con 2.000 plantas en un pequeño terreno empezaron a realizar pruebas de manejo y a entender el comportamiento de la planta. Hoy ya cuentan con cinco plantaciones, cada una con 5.000 plantas que han ido sembrando de forma escalonada y que les permiten recoger en promedio unas 800 libras de fresas al mes.

“Somos empíricos” dice Valencia. “Creamos la empresa con mi socio y actualmente tenemos los cultivos en asociación con productores de la zona que se están iniciando en el tema de la agricultura orgánica. Ya contamos con 15 productores asociados”. Cuenta que la experiencia la han adquirido con la práctica pues ninguno tiene estudios en el tema, pero aún así, y gracias a los aprendizajes hoy son ellos quienes brindan acompañamiento a productores locales en educación financiera y educación ambiental.

El Tesoro Orgánico-Tesorganic como denominaron su marca, hoy vende sus fresas en tiendas especializadas en la ciudad de Cali y además suple de fruta a la comunidad del municipio de Toribio.

Frente al proceso productivo Valencia destaca que lo fundamental es iniciar con una buena adecuación del terreno. “Para empezar a producir fresas 100% orgánicas, lo primero que se debe hacer es alistar el terreno, buscamos un espacio que no haya sido intoxicado con químicos y donde no se haya cultivado nada mínimo dos años atrás”.

Una vez arado el terreno, cuenta que proceden a fertilizarlo con el abono Bocashi que ellos mismos preparan. Hacen una mezcla con estiércol de vaca o de caballo y cascarilla de arroz. “Luego le ponemos la cinta de riego para hidratar las plantas y así no desperdiciar agua, por último, cubrimos las camas con el acolchado plástico, como empresa sostenible una vez terminada la vida útil del plástico este es reciclado”, señala la productora.

Los primeros cuatro meses dejan las plantas al aire libre, pasado este tiempo adecuan el techo para proteger los frutos del exceso de lluvias y empieza la cosecha.

“Una vez iniciada la cosecha se hace un manejo cultural, se retiran las hojas y empezamos a abonar cada 15 día o cada mes, según el requerimiento del cultivo. Ahí recurrimos a la aplicación de un caldo biológico que se llama Supermagro, un abono que trae estiércol de vaca, microrganismos de montaña, entre otros ingredientes”, resalta Valencia y agrega que la cosecha la realizan 3 veces a la semana en cada uno de los cultivos.

Adicional, elaboran un té con cascaras de plátano, de donde toman el potasio. “Esto le da dulzor al fruto y ayuda a la floración”, dice Valencia.

Con la producción de fresas, los pobladores de esta zona en el norte del Cauca han logrado darle sustento a sus familias, proteger el medio ambiente y sustituir los cultivos ilícitos. En la fresa han encontrado una buena alternativa para obtener ingresos pues mientras una libra de fresa convencional se vende en $5.000, una libra de fresa orgánica puede llegar a costar $7.000 a $8.000.

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