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A su vez, como explica la ingeniera agrónoma Yuly Sotelo, estos están divididos en dos grupos: nutrientes primarios, dentro de los que están el nitrógeno, el fósforo y el potasio, y los secundarios, como el calcio, magnesio y el azufre.

Algunos de los beneficios directos que ofrecen los nutrientes son una buena formación del tejido leñoso, aumento en la fructificación, formación y maduración del fruto, así como el color y tamaño de las raíces y hojas.

Y pese a que algunos de estos macronutrientes están en el ambiente y son extraídos de forma natural por las plantas, también pueden ser suministrados por el cultivador, ya que se requieren en gran cantidad y, en ocasiones, llegan a escasear.

Este complemento puede darse a través de la fertilización del suelo o el riego superficial, pues es de estos espacios de donde las raíces y hojas extraerán los nutrientes necesarios para su crecimiento.

Más exactamente, “estos nutrientes, son tomados por las plantas del suelo donde están sembradas, del agua de lluvia o de riego, o de los fertilizantes químicos aplicados al suelo, para elaborar sus propios alimentos”, explica Humberto Ángel, ingeniero agrónomo, experto en fertilización foliar.

Sin embargo, antes de iniciar la siembra de los cultivos, es importante tener en cuenta que “las plantas, al igual que todo ser vivo, responden a cualquier estímulo, como lo puede ser una buena o mala fertilización.

Es por ello que cuando éstas no cuentan con la alimentación adecuada, suelen reflejarlo en el tiempo de desarrollo y maduración de sus frutos, así como en el color de sus hojas.

Un ejemplo de ello es que, frente a la ausencia del potasio, se observa en las hojas maduras clorosis marginal e intervenal, enrollamientos, hojas arrugadas y brotes muy cortos. En general, la planta con déficit de potasio se observa débil, sin brillo, con un sistema radical pobre, y con muy baja tolerancia a situaciones de estrés o ataques de enfermedades.

Por supuesto, para evitar estos daños, también es clave no olvidar los microelementos necesarios en menores cantidades para el desarrollo de la siembra.

Estudiar el suelo ayuda a identificará necesidades
Para mejorar la rentabilidad agrícola de las plantas, realizar los estudios previos de los suelos y el follaje, resulta clave para establecer los nutrientes mínimos y las cantidades necesarias que se deben suministrar a cada cultivo y así aumentar los niveles de producción.

Esta actividad es aún más importante cuando se piensa en suministrar grandes mercados. “Si queremos una agricultura rentable y competitiva para participar en el comercio mundial y en especial en los mercados con los tratados de libre comercio, debemos fertilizar adecuadamente los suelos, complementar con la aplicación foliar de elementos menores y microelementos, en forma periódica y en dosis correctas”, explica Humberto Ángel, experto en fertilización.

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