Agro

Mujeres artesanas han transformado la hoja de coca en insumo industrial sostenible

El proyecto Tinta Dulce sustituye tintes sintéticos por harina de coca, mejorando la salud laboral y el pago por mano de obra
Natalia Albor Rojas
10 de abril de 2026

El proyecto Tinta Dulce ha integrado la hoja de coca como un modelo de economía circular que ha permitido a mujeres de Boyacá, Cundinamarca y Santander aumentar sus ingresos de manera significativa y resignificar sus labores.

Esta iniciativa utiliza la harina de coca como pigmento natural para teñir fibras como el fique y la lana, permitiendo que productos artesanales dupliquen su valor comercial en comparación con aquellos fabricados con tintes sintéticos. En municipios como Guacamayas, Boyacá, la transición hacia pigmentos naturales ha permitido que piezas que antes se comercializaban en $75.000 alcancen hoy un precio de $149.000. Este incremento no solo es por la estética, sino a una reestructuración de costos donde ahora sí se incluye el valor que le corresponde a la mano de obra y el uso de insumos orgánicos, que optimizan el margen de ganancia para todas las productoras locales.

El proyecto tuvo origen en 2021, en el Tambo, Cauca, con Agroarte donde sus ventas de pasaron de $450.000 en el primer trimestre de 2021 a más de $42 millones en marzo de 2023. Este crecimiento de 410% fue posible gracias a un sistema de costeo riguroso que permitió elevar el pago de mano de obra a las artesanas en un 248% para productos como las bufandas y chales.

Actualmente, Tinta Dulce trabaja con Asoartes, Tejilarte y Ecofibras, sumando a 458 personas en su cadena de producción. La operación de Ecofibras en Santander destaca por tener una escala semi -industrial, procesando hasta 32 kilos de fibra en una sola jornada utilizando 8 kilos de harina de coca. Por su parte, en Sutatausa, las artesanas controlan desde la cría de ovejas hasta la venta directa.

La materia prima proviene de 15 familias con licencias de cultivo en Lerma, Cauca. El proceso técnico consiste en cocinar la hoja tostada y molida para extraer el tinte, el cual puede ser reutilizado varias veces y no requiere de ácidos o mordientes sintéticos. Este cambio impacta directamente en la salud laboral de los productores al eliminar la exposición a químicos industriales que afectan manos y pulmones.

A pesar de la viabilidad económica y el éxito en mercados de consumo consciente y moda sostenible, el escalamiento del proyecto enfrenta desafíos regulatorios. La clasificación internacional de la hoja de coca limita la formalización plena de la cadena de valor, supeditando el crecimiento futuro a cambios en la normativa nacional y a la apertura de nuevos canales comerciales para productos de origen lícito.

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