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El plato del almuerzo que sirve a sus hijos María Victoria Campo, de Pasto, incluye una hermosa chauchita. Es con este nombre que cariñosamente los nariñenses llaman a la papa amarilla, a la que en el Altiplano llamamos criolla. María Victoria sabe que esa papa, además de ser deliciosa, tiene muchas propiedades buenas para la salud como mayores contenidos de hierro y zinc, minerales importantes para combatir la anemia y para que el organismo funcione bien; fibra dietaria; buen contenido de proteína más asimilable que la de otros alimentos vegetales, y antioxidantes. Esta chauchita es producto de años de investigación de profesores de las Universidades Nacional de Colombia y McGill de Canadá y de procesos de selección participativa con agricultores de Nariño, quienes las encontraron más productivas, más resistentes a la gota, principal enfermedad de la papa, y más amigables con el ambiente.

Desarrollar una innovación, como las Papas Amarillas más Nutritivas, es trabajo complejo, pues además de que sean de buen sabor, con calidades nutricionales importantes para mitigar deficiencias de amplios sectores de la población, deben ser rentables para los agricultores, y considerar aspectos culturales, ambientales y éticos que la hagan aceptable. Estas exigencias se vuelven cruciales cuando se trata de que muchos agricultores las siembren, que el consumidor en la ciudad las acepte y que los colombianos se beneficien de un desarrollo científico; pero lograr su adopción, es igualmente complejo, puesto que se trata de vincular la innovación con las realidades de muchos y diferentes agricultores. Hoy, cuando se habla del proceso necesario para que una innovación sea conocida y puesta en práctica por un amplio número de agricultores y consumidores, se habla de escalamiento (Scaling-up), cuyos objetivos buscan cambios significativos y sostenibles en el buen vivir de las personas, sus familias y comunidades.

El proyecto de escalamiento que adelantamos busca que las papas amarillas llamadas Criollas Dorada, Ocarina y Sua Pa, sean adoptadas por agricultores de las zonas paperas de Colombia, y que familias se beneficien de la innovación por mayores ingresos y por cambios de hábitos en su dieta y que impacten en la población en general por su consumo.

Propiciamos sinergias para vincular y unir a diferentes sectores y organizaciones públicas y privadas. Buscamos impactar políticas públicas y dar sostenibilidad al escalamiento de la innovación cuando termine el proyecto.

Se ha iniciado con la creación de un sistema de producción de semilla de alta calidad y con programas de educación que facilitan el desarrollo autónomo de personas y organizaciones y el cambio de hábitos de consumo hacia una dieta diversa. Avanzamos con un enfoque de trabajo en el cual todos los participantes contribuyen y aprenden; con la vinculación de la mujer como agente estratégico de cambio y de desarrollo social; y con la combinación de formas y medios de comunicación para que los beneficiarios reciban información de calidad y llegar al máximo de usuarios y clientes.

Este proyecto involucra la formación de estudiantes de las Universidades Nacional y de McGill y es financiado por el gobierno canadiense.

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