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En la última década el balance del sector acuicultor es positivo. Desde el 2010 su crecimiento ha sido de más de 264% y , en 2021, fue de aproximadamente 9%. Aunque este año proyectan no superar esta cifra, la pesca tiene potencial como modelo de negocio, ya que continua su trabajo para desarrollar métodos sostenibles y de cuidado con el medio ambiente.

La acuicultura se ha visto impactada por la crisis internacional de los altos costos de insumos. En el último año aumentó en 61% el precio del concentrado utilizado para el cultivo de peces, esto significó un incremento en los precios de los productos de consumo final. Para afrontar esto, César Pinzón, director ejecutivo de la Federación Colombiana de Acuicultores (Fedeacua), afirma que desde el gremio les interesa seguir fortaleciendo la cadena productiva entre pequeños, medianos y grandes piscicultores.

"Ya hemos tenido una interacción entre los productores y estamos consiguiendo excelentes resultados. Nosotros somos el principal productor de tilapia para el mercado de Estados Unidos", dijo.

El año pasado hubo un crecimiento de 13% en las exportaciones, en lo corrido del 2022 es de 25%. Además, proyectan superar la barrera de las 15.000 toneladas y llegar a US$110 millones en exportaciones al final del año.

Dada la importancia que han adquirido los alimentos en el contexto económico actual, la piscicultura es una posibilidad de negocio con enormes potenciales. Además de enfocarse en el área de producción, existen otros ámbitos para desarrollar como negocio, entre ellos las nuevas tecnologías para fomentar métodos de pesca sostenibles.

Colombia cuenta con aproximadamente 21 millones de hectáreas con potencial para la producción de tilapia, esto da cuenta de las riquezas en biodiversidad para seguir impulsando este negocio. El dirigente gremial comentó que la meta que tiene el sector es llegar a las 400.000 toneladas en 2027 y a US$500 millones en exportaciones.

Una de las mayores problemáticas en el sector es el alto nivel de informalidad. "En los pequeños productores es muy difícil porque los costos son muy altos. Un problema asociado a esto es que nos ven como una industria y nosotros somos agro". José Alejandro Vargas, director de la Asociación de piscicultores de Urabá coincide en la dificultad que implica la poca flexibilidad en la formalización.

Para poder formalizarse, los piscicultores deben incurrir en costos como las tasas de contribución anual del agua y las tasas de vertimiento del agua; esto ha generado un incentivo para que los pequeños piscicultores decidan continuar su trabajo en la informalidad. Vargas recomienda que junto al Gobierno se puedan consensuar acuerdos para flexibilizar estas políticas laborales y poder darle una mayor competitividad a los pequeños, medianos y grandes piscicultores.

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