Agro

Proyecto Frutos del Bosque revela el potencial oculto en los frutos no tradicionales

El desarrollo de prototipos y el aprovechamiento de residuos abren puertas a las industrias alimentaria, cosmética y nutracéutica
Natalia Albor Rojas
19 de marzo de 2026
Universidad Nacional

Colombia posee casi 7.000 especies de frutas de las cuales muchas no son conocidas o poco utilizadas, un potencial que el proyecto, Frutos del bosque, busca transformar en alimentos con mayor valor agregado y abrirle pasos en mercados nuevos.

El proyecto está integrado por del Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA), el Departamento de Química y la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia, Unal, junto con cuatro grupos de investigación que trabajan con productores de asaí en Putumayo, camu-camu en la Amazonia, copoazú en Caquetá y corozo en el Caribe.

Bajo el liderazgo de la profesora Amanda Díaz Moreno, el proyecto se enfoca en potenciar el aprovechamiento de frutos no tradicionales como el asaí, el camu-camu, el copoazú y el corozo, no solo como alimentos frescos y de alto valor agregado.

Según explica Carlos Alberto Fuenmayor, “Analizamos no solo la humedad o los carbohidratos, sino además compuestos funcionales como antocianinas, antioxidantes fenólicos y vitamina C”. Este conocimiento es vital, pues las especies nativas presentan propiedades únicas que difieren de las reportadas en otros países.

Por ejemplo, el camu-camu es reconocido como uno de los frutos con mayor contenido de vitamina C en el mundo, mientras que el asaí destaca por sus pigmentos antioxidantes, y el copoazú sorprende por su complejidad aromática, con notas que recuerdan a frutas como la piña o la guanábana. Esto significa que no solo son frutas exóticas en sabor, sino materias primas con alto potencial para la industria alimentaria, nutracéutica e incluso cosmética.

Para superar las barreras logísticas que impiden que estas frutas lleguen frescas a las ciudades, el equipo ha desarrollado prototipos que incluyen concentrados, pulpas mejoradas y el aprovechamiento integral de biorresiduos como cáscaras y semillas. Esto no solo ayuda a extiende la vida útil de los productos, sino que asegura que la mayor parte del valor agregado permanezca en los territorios de origen.

El proyecto se consolida como un intercambio de saberes en doble vía, donde los investigadores se han nutrido del conocimiento tradicional de las comunidades, terminando en una fase de talleres prácticos que permitirán a los productores aplicar tecnologías de conservación y empaque para llegar a nuevos mercados nacionales e internacionales.

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