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Solo en Risaralda al cierre de este año se espera que el negocio de convertir la finca en un centro turístico crezca entre 18% y 20%, una actividad que se combina con la producción de cafés especiales, principalmente.

“Para ofertar una finca como establecimiento turístico considero que deben converger dos situaciones: formalización y calidad”, explicó Javier Antonio Mejía, presidente de la Cámara de Turismo de Risaralda.

La primera hace referencia al proceso para convertirse en un prestador de estos servicios por medio de la solicitud del Registro Nacional de Turismo ante las Cámaras de Comercio. La segunda, se refiere a la construcción de “una oferta seria, sólida y singular que genere al visitante la posibilidad de vivir una experiencia única y repetible”, dijo.

Para hacer parte de esta demanda diferencial Mejía aconsejó vincularse a iniciativas como la Ruta del Café e incluir en el servicio “todo lo relacionado con el cultivo, cosecha, tostión, molienda, preparación y degustación de cafés especiales” e infraestructura de alojamiento, opcional.

En la finca Monte Jazmín, por ejemplo, se tienen planes desde $30.000 por persona para un recorrido de tres horas por la cadena productiva con la posibilidad de hospedarse en una cabaña por $300.000 la noche (tarifa grupal).

Además, de acuerdo con Mejía, existen otras opciones de oferta exclusivas de la cultura cafetera: cata de café, observación de flora y avistamiento de aves.
Es por esto que las personas interesadas en entrar al negocio no requieren grandes inversiones, solo adecuaciones que pueden rondar los $10 millones, aunque inicialmente  se pueden construir ofertas con los elementos ya existentes como la naturaleza, la arquitectura tradicional, el talante de la gente o el paisaje. Aunque, “si se quiere avanzar en hotelería se requiere de una alta inversión económica para que sea rentable (número de camas disponibles, restaurantes, locaciones de recreación, etc.)”.

La cultura cafetera resultó clave para la consolidación de un producto turístico líder en el ámbito rural en el que participan cultivadores, torrefactores y comercializadores transversalmente con modelos de emprendimiento.

Hoy, la ruta del café le compite a otros destinos internacionales y “es la mejor opción de los productores para incrementar sus ingresos”, manifestó Mejía.

Sin embargo, el negocio turístico no despertó interés solo en los cafeteros, aunque ellos lo impulsaron y le dieron un valor agregado al vincularlo al buen nombre internacional de la región productora que en 2011 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco.

Además, a diferencia de otros subsectores, no han descuidado ni reemplazado la labor agrícola, pues entienden que se trata de dos ideas que no solo se complementan sino que de manera mutua se fortalecen.

Eje cafetero recibe 1,5% de turistas extranjeros

Dado que no se cuenta con un laboratorio de medición regional, las cifras de ocupación en agroturismo no son confiables. “Lo que sí es claro es el sostenido incremento de visitantes locales y extranjeros a la región interesados en conocer la cultura del café y cada vez más, hecho que produce más retos de innovación para los empresarios”.

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