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Las condiciones climáticas que atravesó el agro en los últimos años afectaron gravemente la productividad. No solamente ha sido el fenómeno de La Niña más largo desde que se tiene registro, sino uno de los que más pérdidas generaron por su alta pluviosidad. Esta situación generó un aumento en la demanda de seguros agropecuarios y, durante 2022, hubo en total 26.000 beneficiados.

Según cifras de Fasecolda, entre 2016 y 2019 el promedio de beneficiados era de 5.000 cada año, mientras que, en 2020, año en el que comenzó la pandemia, la cifra escaló a 29.000. De los 26.000 asegurados durante el año anterior, 97% son de pequeña escala.

El gremio también reveló que 165.000 hectáreas de cultivos estuvieron protegidas durante el año pasado, al igual que 48.858 animales pecuarios, 489.500 aves y 3.572 toneladas de pescado.

La profundización del seguro agropecuario fue de 3,5% en 2022, un indicador que se mide por la relación de hectáreas aseguradas y sembradas.

Aunque no están consolidadas las cifras, durante el año pasado las compañías de seguros pagaron más de $57.000 millones a productores del agro que tuvieron inversiones y proyectos afectados por diferentes razones.

El gremio señaló que, entre 2010 y 2021, se aseguraron inversiones del sector por $11,8 billones, con incentivos por $390.000 millones. Esto quiere decir que, por cada $1 millón del incentivo al seguro agropecuario, $30 millones fueron protegidos.

El clima no le da tregua al agro

Las heladas han afectado considerablemente a productores de papa, cebolla, arveja, fríjol, maíz, entre otros. Según Luis Fernando Paipilla, presidente nacional de Dignidad Agropecuaria Colombiana, las pérdidas considerables en la producción crean incrementos entre 50% y 60% que recaen en el consumidor final, pues actúa como un efecto dominó que recae en la cadena de suministro.

“Si bien las heladas son un fenómeno climático de todos los años, realmente no se ha establecido un plan de contingencia para que se ataquen los problemas de fondo frente a estos eventos que se presentan y causan altos costos en pérdidas a los agricultores del país”, explicó.

Otro ejemplo de la afectación por las condiciones climáticas se da en las siembras de mango, una fruta que, según Álvaro Palacio, gerente general de la Asociación Hortifruticola de Colombia (Asohofrucol), “es muy delicado en su floración y el exceso de la humedad lo daña. La producción depende de los sitios donde hay mayor influencia de lluvias y humedad relativa”.

En el café, por ejemplo, el exceso de agua de manera ininterrumpida durante casi 30 meses causó una menor luminosidad y bajaron las floraciones de los cafetales. “La respuesta a la caída en la producción la encontramos en el cambio climático”, dijo Roberto Vélez, gerente general de Fedecafe.

Desde el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) dijeron que las enfermedades foliares se ven favorecidas por las altas precipitaciones. Por ejemplo, en el caso de los frutales y hortalizas ataca la antracnosis, la alternaria en los cítricos, la gota de la papa, la sigatoka negra en musáceas y botrytis en flores, frutos y hortalizas. También hay síntomas asociados a patógenos que están en el suelo.

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