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Ante la necesidad de potenciar el uso de energías renovables antes de 2030, de acuerdo con las metas de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en pro del cambio climático, alternativas como las granjas solares se han posicionado con fuerza en países como China y Estados Unidos. Sin embargo, se corre el riesgo de perder tierras agrícolas en favor de los paneles de energía solar.

Como una solución viable al respecto, se ha empezado a hablar de la “agrovoltaica”, que consiste en la unión de paneles solares y terrenos agrícolas que no solo contribuyen a crear una agricultura sustentable, sino que también solucionan el problema del espacio que existía entre estos dos aspectos.

Según estudios de la Universidad de Stanford, este modelo es totalmente funcional en casos como las plantas de ágave, utilizadas para producir etanol y que ha probado su resistencia en climas secos, además de que requiere un consumo mínimo de agua para su supervivencia. Esto también permite denotar que el desierto podría ser un lugar más amigable para la agricultura, de acuerdo con los investigadores.

Además de los alimentos, existen otras maneras de combinar las plantas y la energía solar de acuerdo con reportes del Laboratorio Nacional de Energía Renovable de Estados Unidos. Gracias a ello, los granjeros han considerado la localización de paneles solares en zona de poco uso de sus granjas. Dicha metodología podría generar suficiente energía “para suplir las necesidades de un estado”.

De esta manera, la combinación de energía solar y agricultura plantea soluciones claras a un problema que se venía presentando desde inicios de la década gracias a la predilección que ganaban las granjas solares frente a las plantaciones agrícolas en todo el mundo.

Según datos de Trendforce, la demanda de paneles solares para 2018 llegaba a 48,2 gigavatios (GW) en China, 10,6 en Estados Unidos, 7,1 en India y 6,7 en Japón, siendo los países más destacados en este campo. A su vez, según GTM Research, en 2020 se producirá un repunte de la demanda fotovoltaica a nivel mundial, que para 2018 llegó a 85,2 GW de nuevas instalaciones. Se espera que el récord sea superior a 120 GW.

Como una solución alternativa a la disputa de espacio entre las granjas solares y los cultivos agrícolas, Holanda construyó el año pasado la primera planta solar flotante del mundo, con el reto principal de aumentar 15% el rendimiento del complejo en comparación a uno terrestre. Antes de que este proyecto se materializara, tanto China como Reino Unido ya habían hecho intentos, aunque se ubicaron en masas de agua de tierra, como lagos.

Con respecto a América Latina, se espera que represente 7% de las instalaciones globales para 2023, con México, Brasil y Chile a la cabeza.

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