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Y es que como bien lo dijo el ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde, el proceso de globalización y la apertura económica nos obligan a trabajar por una agricultura moderna, eficiente y con valor agregado que hoy no tenemos.
El campo, la ruralidad y la agricultura colombiana deben dejar de ser vistos como sectores con dimensiones de poca competitividad. Lo anterior depende de crear una verdadera hoja de ruta que no se ajuste a los intereses de los gobiernos de turno sino que tenga una necesaria continuidad.
Se acercan las elecciones de Senado y Cámara en marzo y las presidenciales en mayo y por eso cabe decir que la coyuntura no debe desviar los objetivos que se ha planteado el actual Gobierno para hacer que la locomotora del agro coja la velocidad esperada y por fin pese en la economía la vocación agrícola que ostentamos. Ya está en marcha el  Censo Nacional Agropecuario (CNA) que permitirá caracterizar el campo. A esto se le suma la nueva Misión Rural planteada para estructurar la política del campo y su producción y el comité 20/20 para el desarrollo de la agroindustria, iniciativas que deben continuar.