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El café, producto que apalancó la economía del país en medio de la crisis más profunda, hoy vive uno de sus peores momentos con la paradoja más amarga y rara que han presenciado los caficultores y comercializadores del grano en toda la historia.

Una vez iniciaron los bloqueos, el gremio cafetero aún no dimensionaba el daño que esto le traería, es más, estaban celebrando un aumento en las exportaciones, en la producción y hasta el precio más alto en la historia, que para ese momento se ubicaba en poco más de $1,3 millones por saco.

La idea era vender los 810.000 sacos que se produjeron en abril, despachos que en su 75% se hacen por medio del canal marítimo del Pacífico, pero la sorpresa que se vivió durante todo mayo fue que casi ningún saco pudo ser exportado, pues los bloqueos en Buenaventura y en importantes corredores viales pusieron el freno que, ni la pandemia, le había puesto al café.

Sin embargo, la paradoja de tener buenos precios y nada de venta no termina ahí, pues lo más grave que está ocurriendo y que pondrá en jaque a la comercialización externa del café es que los clientes internacionales están optando por incluir en sus mezclas café de otros orígenes, y ya le han avisado a sus proveedores de café colombiano que, por ahora no quieren comprarlo. Algunos productores afirman que hay un voz a voz entre los grandes importadores del café local de miedo e incertidumbre con respecto a lo que pasará con los contratos que hay en este negocio.

Y es que la gravedad del asunto recae en el largo plazo, pues los tostadores al ver esta situación y sin poder parar su producción, deben buscar otras alternativas con café de otros países como Costa Rica que, como algunos productores dicen, tiene una calidad bastante aceptable, y no tiene la prima extra que sí trae el café colombiano. Por ende, empiezan a hacer negocios con estos países dejando de lado a Colombia. El daño ya está hecho y el grano local va perdiendo terreno en el mercado.