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El medioambiente colombiano sigue siendo seriamente afectado por las malas prácticas agropecuarias, es la conclusión que revelan las estadísticas más recientes, tanto de FAO entre países, como de ENA-Dane entre departamentos.

La falta de voluntad política representada en los débiles programas para el sector rural que han llevado a carecer en el campo de conocimiento, tecnología e innovación, está causando estragos no solamente en las economías de la inmensa mayoría de municipios colombianos que dependen de los resultados del campo, sino que está perjudicando al medio ambiente en todo el territorio nacional.

Para obtener 100 toneladas de maíz, Estados Unidos y Chile utilizan solo ocho hectáreas mientras Colombia despilfarra 28 hectáreas (más del triple) Huella Ecológica. (Chile y Estados unidos rinden 12,0 t/ha, Colombia solo cosecha 3,6 t/ha).

Visto de otra manera, en las 285.000 hectáreas que Colombia ocupa para producir solamente un millón de toneladas de maíz, pudiera alcanzar perfectamente 2,5 millones de toneladas.

Cada tonelada de Maíz en Chile o en Estados Unidos solamente destina 800m3 de agua, Colombia malgasta, en promedio, 2.700m3, huella hídrica.La planta de Maíz consume entre 160 y 200 litros de agua en su ciclo de vida, lo cual significa entre 8.000 y 12.000m3 por hectárea. En Chile y Estados Unidos, gracias al rendimiento, se optimiza la demanda hídrica y representa unos 800m3/ton. Si produce solamente 3,6 t/ha, - promedio nacional Colombia, - cada tonelada implica unos 2.700m3 de agua.

Ese mismo concepto aplica para otras especies, por ejemplo: Papa, Estados Unidos rinde 49,8 t/ha; Colombia solo 23,4 t/ha y emplea el doble de superficie. Frijol, Estados Unidos 2,1 t/ha; Colombia 1,4 t/ha. Tomate, Estados Unidos 96,8 t/ha; Colombia 65,7 t/ha. Arroz, Estados Unidos, Uruguay y Perú 8,6; 8,5 y 8,1 respectivamente mientras Colombia solo rinde 5,8 t/ha en cultivos mecanizados.

A esta pésima situación agréguele que a mayor superficie empleada mayor es la contaminación de suelos y aguas por el uso de fertilizantes, herbicidas y pesticidas que aumentan la salinidad del suelo afectando la fauna del ecosistema y provocando la perdida de suelo de origen calcáreo que participa en la descomposición de la materia orgánica, ocasionando la pérdida de sus descomponedores principales.

Todos estos productos agrícolas se importan en volúmenes muy importantes, erosionando las oportunidades laborales y los beneficios que podrían dinamizar la economía y el comercio de la mayoría de municipios colombianos que son de naturaleza agrícola pero abandonados a su triste suerte.

Muchísimos de los alimentos que Colombia importa pudiéramos producirlos perfectamente aquí: trigo, soya, lenteja, cebada, garbanzo, tomate de proceso, maíz, leche, papa, arroz, leguminosas, carne de cerdo y de res, pescado, que giran en torno a los US$7.000 y US$9.000 millones anuales.

Programas de capacitación masiva rural, que incluyan innovación y tecnología para la productividad y la competitividad agropecuaria, podrían cambiar este panorama y ahorrarle al país las divisas que eso significa.