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Las tecnologías influyen en el desarrollo y crecimiento de diferentes sectores económicos, promoviendo un salto a los procesos productivos tras involucrar el análisis e interpretación de datos, la interconectividad, la digitalización y la monitorización para optimizar los procesos. Y por supuesto, el sector del agro no es ajeno a esta revolución.

Mucho menos en Colombia, donde aproximadamente hay 40 millones de hectáreas cultivables, de las cuales seis millones se encuentran en uso, y el restante aún sigue sin ser aprovechadas para dicho fin. En el país, donde hay 2,7 millones de productores, de los cuales poco más de 725.000 residen en el área rural, según cifras del Censo Nacional Agropecuario. De este total, más de 83% no cuenta con maquinaria agrícola y solo 10% recibe asistencia técnica.

Hay otras tantas dificultades que durante décadas han afectado al desarrollo del campo y, en la actualidad, ante los nuevos retos para este sector, uno de los más relevantes es la tecnificación de los productores agrícolas.

Entre tantas herramientas tecnológicas que hay en el mercado, los drones se convierten en uno de los bienes de primera necesidad para cumplir dichos objetivos en el sector, ya que entre varias de sus funciones permiten la fumigación eficiente de cultivos y el mapeo de los campos.

Hace poco, la consultora Allied Market Research, resaltó que el tamaño del mercado mundial de drones agrícolas se valoró en aproximadamente US$1 billón en 2020 y se prevé que alcance los US$5,8 billones en 2030.

Esto no es casual y empresas como la que lidero desde 2014 (Drone Innovation Lab) han demostrado cómo los drones promueven el impulso de tecnificación del campo.

Para ello, desarrollamos tres líneas de negocio en este sector: la primera, es la supervisión audiovisual de cultivos o fotogrametría con drones, que es el levantamiento de información georeferenciada para identificar y mapear los terrenos de cultivo. La segunda, es la fotogrametría multiespectral, que analiza el estado de los cultivos a nivel térmico y energético por medio de sensores de alta precisión, ayudando a los agrónomos a tomar decisiones a corto plazo. Y la tercera, es la aspersión y fumigación de cultivos, en donde los drones son programados por medio de puntos de control, asegurando que el perímetro sea regado de forma efectiva y óptima.

Cada una de estas líneas es importante resaltarlas, ya que demuestran cómo estos vehículos aéreos no tripulados satisfacen las demandas del siglo XXI en la agricultura. Nuestros resultados en varios proyectos con productores colombianos, es que han optimizado cada parte de sus operaciones, desde la fumigación del campo hasta los ciclos y la salud de sus cultivos.

La precisión es fundamental para que crezca el sector agrícola en el país, pero para ello, va a ser fundamental que las prácticas que se realicen de ahora en adelante estén basadas en evidencias y datos, que permitan eliminar conjeturas, producir más y reducir el desperdicio de recursos como agua, fertilizantes, pesticidas y mano de obra.

Colombia tiene grandes retos para asumir la transformación del Agro 4.0, y para ello, requiere del trabajo de entidades públicas y privados que financien y estimulen estos proyectos.