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Las vías son el principal medio de comunicación entre las comunidades, lo cual propicia el desarrollo social y económico de las regiones junto con su competitividad en mercados nacionales e internacionales. Pero con el paso del tiempo, ellas empiezan a experimentar deterioros propios de su uso, por inadecuado proceso constructivo, diseño o selección de materiales, condicionando los niveles de seguridad y comodidad para los usuarios.

Estas vías son clasificadas en primarias, secundarias y terciarias, siendo las vías terciarias más críticas para el sector rural por conectar cabeceras municipales con sus veredas, y por representar 67% de la malla vial total de Colombia. De acuerdo con estadísticas del Invías, en el año 2017 se registraban 142,287 Km de vías terciarias, de las cuales 27,577 Km están a cargo del Invías, 100,748 Km a cargo de los municipios y 13,959 Km a cargo de los departamentos.

La pregunta que surge es, ¿qué sucede si estás vías no tienen un adecuado mantenimiento rutinario o periódico? Simple respuesta, progresan a un alto grado de deterioro que las llevaría a ser inoperantes, perjudicando las actividades normales de la población usuaria (principalmente comunidades vulnerables, niños y adultos mayores que hacen uso diario, generalmente en largos trayectos) y debilitando la económica regional.

Además, teniendo en cuenta las épocas de lluvia y sequía que se experimentan a lo largo del año y el cambio climático, la afectación se extiende a el debilitamiento y erosión de los suelos, movimientos en masa, debilitamiento de laderas, taponamiento de los sistemas de drenaje, acumulación de capas de polvo y tierra, entre otros. Todos estos factores reducen la calidad de las vías, su sistema de interconexión, la calidad del aire y productividad.

No es desconocimiento que los mantenimientos y rehabilitaciones son actividades necesarias para garantizar el funcionamiento adecuado de las vías en el tiempo, pero la falta de planeación presupuestal, priorización de los tramos viales y acciones concretas por parte de las entidades responsables, genera que la serviciabilidad esté entredicho. ¿Qué se puede hacer? La primera respuesta está en las comunidades, porque las vías son bienes públicos que todos debemos cuidar, por lo tanto, cada persona que habita cerca a una vía debería hacer seguimiento a su funcionalidad y ser capacitada para tomar acciones en época invernal, por ejemplo, limpiando las cunetas y vegetación presente en la vía.

Estas pequeñas acciones reducen la probabilidad de afectación en la accesibilidad y funcionalidad del tramo vial. Y un elemento vital, reportar ante las autoridades competentes los casos críticos o aquellos indicios de una posible afectación a futuro si no se toman medidas hoy. Muchas veces cuando no se realizan los reportes pensando que solo es responsabilidad de autoridades locales, la toma de decisiones que realizan ellas terminan siendo eventualmente ineficientes y costosas.

El rol de la gestión de priorización de las vías, del ingeniero y alcaldes para propiciar el adecuado manejo de los recursos públicos, la construcción de nuevos corredores logísticos y realizar los mantenimientos o rehabilitaciones necesarias en la vía para la satisfacción de los usuarios son clave para lograr potenciar la interconectividad regional y la transformación social del sector rural.