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Hace cerca de media década atrás y poco después del famoso “Boom del cannabis medicinal”, la industria nacional asociada a dicha actividad, de la mano del Gobierno colombiano y demás actores involucrados, emprendió la ambiciosa carrera por seguir ampliando el selecto abanico de productos que hacen del país un verdadero referente global.

Al igual que como sucedió con el café, las rosas y claveles, el aceite de palma, y el oro, entre otros ejemplos, el reto suponía competir a la par de los first movers en los principales mercados internacionales y, además, garantizar todo el rigor y la trazabilidad que demanda el manejo de sustancias controladas.

Así, desde la obtención de los diferentes permisos y licencias, hasta el trámite de cupos de cultivo y la caracterización de las genéticas, el sector empezó a resolver el desafío regulatorio de convertir un doloroso pasado en un auténtico motor de desarrollo.

Hoy, tras varios años en esa tarea, y sin olvidar el conjunto de dificultades operativas y comerciales que planteó y aún representa la propagación del covid-19, la industria del cannabis medicinal en Colombia se encuentra a puertas de empezar a materializar todos los avances normativos, las ventajas competitivas de la ubicación geográfica de la nación y el diferencial de haber consolidado una cadena productiva de calidad superior.

Esta nueva fase, y puntualmente en lo que tiene que ver con la venta de materias primas y derivados de cannabis, se traduce para las empresas en la capacidad de empezar a comercializar a mayores escalas, hacia un amplio número de países productores y bajo esquemas previamente sistematizados que aseguran la transparencia y trazabilidad del proceso. Asimismo, esta etapa pondrá al sector en posición de empezar a generar nuevos puestos de trabajo, dinamizar actividades económicas afines y fortalecer el atractivo inversionista.

En el caso de Avicanna, a través de su línea de negocio enfocada en la producción de materias primas con valor agregado: Aureus, en los últimos meses se pudieron establecer las primeras ventas con clientes locales y extranjeros de CBD aislado e hidrosoluble, CBG aislado, formulaciones tailor made y semillas de cannabis no psicoactivo para siembra, que constituyen el primer paso para dar a conocer la oferta de valor y generar confiabilidad. Con esos acercamientos, la siguiente tarea está en lograr consolidar los canales comerciales y afianzar volúmenes.

Por otro lado, además de la puesta en marcha, generación de know how y desafíos regulatorios, es importante destacar que cultivar la planta de cannabis en los microclimas de Colombia, como los de las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, con su baja humedad relativa, permite ofertar materias primas provenientes de cultivos orgánicos, con un enfoque superador en materia de sostenibilidad; lo cual eleva el valor agregado de la industria en la medida que pacientes y consumidores son cada vez más conscientes de los productos con cannabinoides que eligen.

Así las cosas, considerando la necesidad de la nación por reactivar su funcionamiento socioeconómico, el momento en el que se encuentra el sector para empezar a capitalizar todo el esfuerzo desplegado en los últimos años no solo resulta alentador para las empresas, sino que es, sobretodo, una oportunidad para que Colombia sume otro sello país a su repertorio y encuentre en el cannabis medicinal un nuevo rubro para mostrar su mejor versión.