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El crecimiento de la población, el cambio climático, los desastres naturales, la demanda creciente por alimentos de calidad, la pobreza, la iniquidad, la aparición de nuevas enfermedades, la activación de algunas olvidadas, la resistencia de los gérmenes a la actividad de los antimicrobianos, las enfermedades transmitidas por los alimentos, la poca cultura de la notificación, la deficiente sensibilidad de los mecanismos de vigilancia y control, la débil percepción del riesgo, la subvaloración de las zoonosis, la fragilidad de los servicios de salud pública veterinaria y la poca coordinación en las redes de laboratorios ameritan una reflexión por parte de los gremios y los sectores salud, agricultura y ambiente.

En el ámbito global, se perciben cambios importantes desde la perspectiva sanitaria en las poblaciones humanas y animales, las zoonosis emergentes, reemergentes y las olvidadas o mal manejadas constituyen una realidad del hoy y el ahora. Durante los últimos 30 años han aparecido más de 30 enfermedades infecciosas nuevas, con un alto impacto en la salud tanto humana como animal, causando un significativo cambio en los patrones de morbilidad y mortalidad a escala nacional o regional e incluso en el panorama mundial, convirtiéndose en pandemias que para su prevención y control, demandan servicios con visiones integrales, manejo interdisciplinar y cooperación intersectorial (agricultura, salud, ambiente), (FAO, 2013).

Aquí el punto clave es entender la necesidad de que todos los involucrados dejemos de entender la salud de forma fraccionada e instalemos en la mente el concepto de una salud. Ese es tal vez, el comienzo de una nueva y útil etapa que facilite afrontar las problemáticas sanitarias y por supuesto implica escenarios complejos que se ocupen de fijar prioridades, conformar equipos inter y transdisciplinares para que desde la intersectorialidad manejen eficientemente los recursos económicos, la infraestructura de laboratorios y el talento humano capacitado con nuevos enfoques y estrategias. Una salud humana, animal y ambiental debe constituir un objetivo prioritario para el hoy y el ahora desde la institucionalidad.

El término una salud (Garza y Arvizu 2012), describe la colaboración de diversas disciplinas científicas en la búsqueda de una mejor salud para todos: personas, animales y ecosistemas. Además del respaldo inicial alcanzado con la declaración de los Principios de Manhattan (WCS, 2004).

En la práctica, este campo proporciona nuevas habilidades, nuevas herramientas y una nueva visión. El concepto una salud tiene como objetivo esencial desarrollar una comprensión científica de las relaciones generadas entre la crisis ambiental y la salud, tanto humana como animal, y proponer soluciones a los problemas en la interfaz ambiente y ciencias de la salud para beneficio de todos.

La praxis, la docencia y la investigación para una salud, se materializa mediante el esfuerzo colaborativo de todas las áreas del conocimiento, para el estudio de los problemas sanitarios de los individuos, de las poblaciones y los ecosistemas. En esta perspectiva las actividades incluyen la investigación en ciencias básicas y médicas, salud pública, salud ambiental y ecológica, producción animal, transformación en lácteos y cárnicos, con el fin de reorientar los servicios hacia la solución de los problemas sentidos de salud como las enfermedades y alteraciones crónicas prevenibles, las enfermedades emergentes, reemergentes, las zoonosis, al igual que las que tienen que ver con el cuidado del ambiente la lucha anti vectorial, el saneamiento ambiental, el agua potable y los servicios básicos.