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Esta pandemia de covid-19 ha producido muchos cambios en el mundo y lo seguirá haciendo. A nadie le queda duda que el devenir traerá cosas diferentes. Ojalá una de ellas, para bien, sea la importancia del campo y sus habitantes.

En este confinamiento hemos descubierto que muchos bienes y servicios que antes disfrutábamos y creíamos indispensables en nuestras vidas han pasado a segundo plano y hemos aprendido a vivir sin su presencia, mientras que los alimentos y quienes los proveen cobraron relevancia.
El mundo y el país en particular tiene que ver con ojos de verdadero realce la actividad del campo. En Colombia en particular la seguridad alimentaria de sus habitantes debe subir muchos peldaños en la escala de prioridades de los gobernantes.

La actual coyuntura sanitaria puso a prueba, una vez más, de qué están hechos nuestros caficultores como gremio.

Y al igual que en otras ocasiones a lo largo de sus casi 93 años de historia, la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) se ha ido sobreponiendo a la adversidad, buscando soluciones a las inquietudes y necesidades de los productores. Hace uno años, el gran desafío del ataque de roya se convirtió en una oportunidad para impulsar a gran escala la siembra de variedades resistentes, que hoy representan 83% del área sembrada, gracias al compromiso de los propios cafeteros, con el apoyo de la FNC y el Gobierno. Y lonas y derribadoras para recolectar café son hoy una alternativa para reducir costos o cuando la mano de obra escasea.

Ante el actual desafío de covid-19, y con gran anticipación, la FNC ha adoptado medidas pertinentes priorizando la salud de la comunidad cafetera, como evitar reuniones presenciales y fomentar el teletrabajo, incluido el Servicio de Extensión, que con más de 300.000 llamadas telefónicas ha seguido atendiendo a los productores.

Aprovechando las nuevas tecnologías, en diálogos directos virtuales con líderes cafeteros de todas las regiones, la institucionalidad en su conjunto ha escuchado y atendido sus requerimientos con acciones oportunas.

Y es de hecho ese diálogo directo el que ha sacado a flote algunas de las necesidades o inquietudes más apremiantes, como la conectividad, que para muchos líderes cafeteros no es sencilla; un tema por resolver o mejorar si queremos, por ejemplo, conectar más a los productores con mercados en el exterior.

En seguridad y autosuficiencia alimentaria, también se ha hecho evidente el gran potencial del sector cafetero para convertirse en proveedor de otros alimentos para el resto del país e incluso exportarlos si se garantiza una cadena de comercialización transparente y efectiva. Otra ventaja es que los cafeteros puedan mercar en su propia finca.

Entre las muchas soluciones que la FNC ha ido implementando o gestionando se destacan la publicación del protocolo cafetero covid-19, apoyos para renovación de cafetales, eliminación del costo por retiro en efectivo con la cédula o tarjeta cafetera inteligente, apoyos y alivios crediticios, bolsa de empleo de recolectores o exención de IVA para máquinas derribadoras de café.

Y tal vez lo más importante del actual desafío es que ha hecho patente la gran solidaridad de los caficultores como gremio unido que trabaja en equipo, el valor de su institucionalidad y la gran capacidad de respuesta de la FNC, que ha actuado oportunamente en beneficio de los productores, su razón de ser.