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Muchas veces escuchamos la cifra de cuántos somos en el mundo y el modo vertiginoso de crecimiento de este número y es el reto de los que trabajamos en el sector agropecuario, suplir las demandas de esta población.  Dejando de lado las desigualdades de la distribución del alimento en el mundo y teniendo en cuenta las nuevas corrientes de la sociedad sobre perseguir un estilo de vida saludable, hay una realidad en el balance de alimentos para el mundo.

La FAO sigue a través de un índice llamado SEA (del inglés - DES Dietary Energy Supply), un cálculo del consumo diario de energía alimentaria por persona, durante un periodo determinado y que indica, con claridad, qué países tienen problemas de suministro de alimentos y mediante este se evidencian las grandes diferencias entre la composición de la dieta media de los países industrializados y la de los que están en desarrollo. Poco más de una cuarta parte del régimen alimenticio de los países industrializados está compuesta de cereales, otra cuarta parte consta de carne, pescado, huevos, leche y queso. Los cereales y los tubérculos proporcionan energía alimentaria, pero no contienen niveles adecuados de otros elementos nutritivos esenciales, vitaminas, minerales, proteínas y grasas necesarias para un desarrollo adecuado del funcionamiento del organismo.

Lo anterior nos reafirma que todos los esfuerzos encaminados a la producción de carne; el producto pecuario de mayor valor por poseer aminoácidos, minerales, grasas, ácidos grasos, vitaminas y otros componentes bioactivos de gran disponibilidad, están bien encaminados. Sin embargo, si detallamos el comportamiento de la producción de carne ya separada en res, cerdo, pollo y acuicultura, notamos un comportamiento estancado de la producción de res, un crecimiento moderado en porcicultura y un espectacular incremento en la avicultura. Todo este desempeño del sector de producción pecuaria, debe redundar en el bienestar humano, considerando sus impactos sobre el medio ambiente. Para fortuna de los que creemos en el desarrollo sostenible, estas producciones terminan unidas mediante el reciclaje de subproductos de origen animal, material que retorna a la cadena alimentaria y cabe aclarar que la palabra reciclaje puede sonar tosca al consumidor final, pero es bastante importante que la gente del común conozca, que el sector del Rendering que se dedica al aprovechamiento de subproductos de origen animal, terminan siendo procesadas en la industria, como materias primas usadas en la producción de alimento balanceado para avicultura, porcicultura, acuicultura y animales de compañía.

El impacto positivo de la existencia de este eslabón en la cadena alimenticia no solo radica en las proteínas de alto valor biológico que se generan para la alimentación animal y que no son sustituibles por materias primas de origen vegetal, precisamente por sus aminoácidos únicos, sino también por el gran beneficio que presta a la comunidad.

El sector del rendering, bien llamado el sector “invisible”, se materializa en harinas de carne, harinas de vísceras de pollo, harinas de sangre que hacen parte de los concentraos para animales. Es una industria que requiere de gran inversión en maquinaria y que está regulado por el Instituto Colombiano Agropecuario y aplica normas técnicas avaladas internacionalmente para medir las características fisicoquímicas y microbiológicas de sus productos, tendientes a garantizar la inocuidad.

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